Que quiere renacer y alarga la espera y observa,
y se sienta en el borde de la acera rompiendo tabaco
con las manos secas de no respirar poesía,
y enlaza sus dedos gigantes y promete palabras
alambres que engarcen su pecho con la vida.
Sólo las palabras ayudan a sacudir telas viejas
azotadas vilmente bajo la cabeza del sol urbano,
azotea de tantas perezas.
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