martes, 10 de junio de 2008

Cosas que no digo mientras vivo

Que te quiero escribir y no puedo
que te perdono
que construyo la mitad de mi lado
imaginando un hueco en la mitad de tu frente
que suspiro hacia mí
que no te he llamado

que te quiero

que te extraño

que me acuerdo mucho del final de tu espalda
del dulce triste que me dejaste bien cerca
de las amapolas
del mar que no te mira sereno
de que me duermo tendida en tu ala derecha

que soplas sobre mis pestañas
que me despiertas

que sueño eso
pero es mentira
porque no te siento
ni respiras

que me doblo por todos los lados posibles
que me hago hoja en blanco
en cristal verde botella

que hablo por hablar
y digo por decir
las cosas que no escribo
y mientras, vivo.

lunes, 2 de junio de 2008

Primavera

Las hojas en blanco que no escribe Loredhi crepitan bajo las suelas de sus zapatos de primavera.

Loredhi odia la primavera, odia vestir con colores claros, las pieles prematuramente morenas, los estampados de temática selva y las filas de dientes sospechosamente brillantes... Loredhi odia no calzar sus botas porque no toca, que la gente esté más sonriente, o más motivada o más ausente o más excitada únicamente porque es primavera... En realidad lo que Loredhi odia es que se tenga que hacer algo concreto porque es una fecha.

El aire es frío, hoy Loredhi camina zigzagueando el hambre de toda una mañana y se detiene en un semáforo rojo. De pronto se acuerda de sus calcetines azul grueso reposando sobre la cama. Y de sus botas negras en un rincón. De las tiritas tapando rozaduras en los pies descalzos de una mujer sin brazos... Y ahora llueve... llueve otra misma tarde y todo vuelve a parecerle ayer. Y Loredhi entonces se deja mojar, e imagina que es ella y que es otoño y que camina con sus hermanos pisando un charco por cada tres pasos..., sólo por cada tres pasos, no vale trampa.

El semáforo cambia a verde, y las hojas en blanco que no ha escrito Loredhi se deshacen bajo la suela de sus malditos zapatos nuevos color primavera.

miércoles, 28 de mayo de 2008

Ojos

Loredhi observa a un patinador que cruza la calzada, observa a un señor mayor, a una mujer paseando a una barriga...

A Loredhi le da la sensación de ser siempre unos ojos observando desde un coche a un patinador que siempre ha sido un patinador, a un señor que siempre ha sido mayor, a una mujer que no ha hecho nunca nada más que pasear a una barriga por enmedio de una ciudad hueca.

martes, 27 de mayo de 2008

Mañana y tal

Cosecha de agua
en el pavimento… y te hablo" Pablo Camus

Cosecha de agua
en el pavimento
y te hablo...
y te miro en cada gota
en el reflejo de ese charco que se cruza a mis mañanas
desde el fondo de mi suelo...

Cosecha de agua en el pavimento y frío,
respiración líquida de una hoja
que se desprende de la rama,
de las raíces de un árbol insano alimentado de cemento
y tos...
tos de mil bocas en blanco sobre una percha,
escamas circundando la cintura
de una voz que se cosecha en el agua...

agua en el pavimento...

y yo que te hablo..

jueves, 22 de mayo de 2008

Suelo

Loredhi camina mirando hacia el suelo. Loredhi cuenta las veces que las puntas de sus botas se adelantan alternando un pie y luego el otro, una punta de bota negra derecha gastada, una punta de bota negra izquierda gastada.... Y cuenta las veces que el ruido de los tacos aprieta la acera. Uno, dos, tres, cuatro, así hasta que se cansa, y es entonces cuando Loredhi recuerda una de sus tantas obsesiones al caminar, porque Loredhi es obsesiva aunque no lo parezca, porque lo es de cosas que van por dentro, o que no se ven, o que no se dicen. Loredhi recuerda, mirando adelantarse las puntas de las botas alternas, cómo odiaba pisar el rojo de las baldosas de su calle, y cómo saltaba del blanco al blanco del paso de cebra que le cruzaba al otro lado de un océano de lava. Porque era lava, aunque los demás no lo supieran.

Ahora todo eso a Loredhi le da igual. Y no sabe si le molesta o no.

miércoles, 14 de mayo de 2008

Solo

Sí, vociferas razones
a lo largo y ancho de tus hemisferios,
entre paredes que enjaulan a tu imaginación arrastras
quejidos del último altiplano que sonrojó las mejillas
en ese acto de amor lejano…

Sí, te inundas de miserias
regodeándote en la única palabra que hizo daño a tus párpados a tus oídos
a tus labios y brotó la herida,
y no quieres más que a tu insolente silencio…

Sí, reúnes lo que te queda de humano,
lo lanzas a la ingravidez de un sollozo,
a la piara de tu suelo,
a la sangre que deja de recorrer poco a poco tus dedos
tus sienes tu triturado de razones para caminar
solo,
solo a la vuelta de la calle fría que un día albergó las mangas de un abrigo.

martes, 6 de mayo de 2008