viernes, 26 de diciembre de 2008

Pólvora

La mujer tiene el cerebro lleno de pólvora, granos que gravitan en la cornisa de sus cavidades en el espacio reducido entre dos pálpitos. La mujer desgrana ansias y la pólvora penetra entre sus sienes… .Martillean los párpados y la noria gira sueños y un hombre que se aleja y es la niebla. Hace frío, una noche y la mujer esconde sus pies en el útero caliente, en la mirada a la espalda del que circundó sus entrevelas. Pólvora que confunde la niebla con el frío con el humo saliendo de unos labios torturados de neón, de luces frotando los mitones de un mendigo pidiendo una moneda para comenzar otra vez a morir. La mujer mendiga un sillón para recostar al muerto que transporta bajo el brazo, al fusil apuntando a un gigante de ventanas a la calle que cierra sus cortinas para siempre… La mujer atraviesa pisadas sin sombra, aprendices siluetas amparadas bajo la luz de una farola, y es la acera la que brilla, la que arde bajo el cráter, es la acera la pólvora del nervio que desangra la palabra equivocada.... Es muy tarde, alguien cabizbajo de mugre tiene el cerebro lleno de pólvora, granos que gravitan la cornisa de sus cavidades y penetran con olor circular a sangre de vientre.
La mujer tiene sed, y esta noche sólo la acera arde, bajo el neumático la mujer aúlla charcos de tristeza mientras los sueños caminan lejos.

domingo, 30 de noviembre de 2008

Introspección de hambruna

Desde la madurez del paupérrimo sol, se incuba la sed entre los senos, el pensamiento del que lejano muerde el aire, del que con la fila primera de dientes arranca el tumor benigno que estalla en el cuerpo; tórax lleno de suspiro y sangre, marea que lleva el barco de derecha a izquierda, de izquierda a derecha de cada pecho, que busca a tientas el dial de un pálpito, ahogando con la almohada de matar su gemido.

Correa de plumas colgando abanicos sortean las flechas del cálculo.

Desde la invencible madurez de la ignorancia, se incuba la sed de lenguas, el deseo de un puño que se cierra en la cintura, las teclas de un piano de carne y hueso salpicando la geografía de pecas.

Desde el hambre, desde la invalidez del ansia, desde el vértice del edificio se extraña el final de unas extremidades marcadas por la dentadura de un caníbal…

Caen soldados todas las noches,
caen soldados todas las noches
y trituran con sus nalgas las fosas sin archivos.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Primer piso

Claraboya vigila con sus gafas a un canino
anestesiado por el sol,
primer piso y la cortina de la ventana de Claraboya
sacude imágenes
de manteles y de piernas y de sangres en las duchas.

Claraboya se levanta primer piso
de la mesa con las migas en la boca,
pastillero que camina
dos tenazas se le ocurre una locura.
Claraboya muerde pieles que le sobran de una mano,
y de mentiras se muere,
y de mentiras resucita,
y se manda a la mierda otra vez
a otra cosa mariposa esto aburre.

Claraboya mete la armadura
primer piso en lavadora,
late el suelo y son dos chicles
restringida la dieta carnívora del aspirador.
Muñones en las cuerdas saludan primer piso
y esos brazos son roídos por las ratas,
y sobre la cómoda,
unas lentes radiofónicas trituran la medalla de bronce
a mejor corte de pastel,
felicidades Claraboya,
falta el gato que murió hace demasiado.

sábado, 8 de noviembre de 2008

Esquizofrenia lingual

O puto papel en blanco

Esquizofrenia y noche,
un hombre y su linterna buscan parir un puñado de palabras
que identifiquen a la madre creadora
del latido de la lírica,
de las pinzas de tender coladas de ropa vieja.

Luz semimuerta,
unos folios aturdidos bailan locos,
y unos ojos entornados cuentan lingüistas saltando una valla,
griegos y romanos
en la soberanía de la letra
burlan al animal desquiciado
que les ronda, tercera noche consecutiva
buscando carroña.

Amanece una mano llena de palabras
enredadas entre las venas,
el capullo de una rosa que no se abre ante la lengua del sabio,
el círculo de un pez con la boca llena de colas.

martes, 4 de noviembre de 2008

A propósito de identidades

A Loredhi hoy alguien le ha llamado Fernando. A Loredhi durante toda la tarde la idea he ha divertido. Le ha divertido pensar que quizá ella sea un tal Fernando que teclea desde su sofá el pasword de Loredhi, y se inventa a una mujer de voz ronca y pelo a lo chico que odia odiar socializarse. Quizá Fernando sea uno de los que pasea a los locos por la noches y quizá sus zapatillas de andar por la casa sean un número más, fijo que nunca ha estado en la montaña y por eso recrea a cada tanto tiempo las pisadas de unas zapatillas verdes sobre la tierra...

Imagino que quizá Loredhi no sea Loredhi, sino un hombre de chaqueta color caqui que camina mirando al suelo y que de vez en cuando suspira y que de vez en cuando apura un cigarrillo que en realidad no le apetecía fumar; que gusta de tomar un café en una terraza y de enamorarse de manera invariable de las camareras. Loredhi podría ser un hombre que vive solo y que tiene como mascota a un perro que está más gordo de lo normal o más flaco de lo normal y que es su mejor amigo. Quizá el perro de Fernando se llame Lucas y sea más habilidoso que él con la baraja.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Es la noche

La noche es el lunar gris que alberga tu espalda,
es la última calada en el rincón del moribundo,
la textura de un alfiler perdido
entre las vetas del mármol.

La noche es el amago de la saliva,
manida gota de lluvia tras los cristales,
el terror diminuto sobre la almohada
de incienso metalizado en bruma,
es la punta del puñal del asesino que te aguarda tras el hombro.

La noche es el gemido de una cisterna a deshoras,
el sangrado de una virgen,
el oficio cuentagotas de un grifo impertinente
es la noche una tísica errata al pie de un sueño.

lunes, 20 de octubre de 2008

Loredhi viaja

Loredhi subió a un tren y recorrió sus pasillos sorteando las sombras sin cuerda. A Loredhi le gusta el traqueteo de un tren sobre un cristal salpicando de pinturas de mentiras los paisajes.

Duerme…

Loredhi subió en avión y quedó fija mirando el ala derecha del aparato y contando los segundos que le restaban para morir, para dejar de respirar justo después de que el ala plateada derecha desapareciera y entonces ya no hay más que cerrar lo ojos…

Loredhi no muere, Loredhi llega.


El mundo está invadido por caricaturas color carne que golpean las pupilas, Loredhi se detiene frente al monumento clavando sus zapatillas verdes sobre el techo del subsuelo que recorre el otro tren lleno de ratas... Hay ratas en Berlín, y Loredhi se sorprende mirando fijamente a una a los ojos y recomponiendo el atlas de desguaces que han recorrido sus huellas dactilares.

Por la tarde, camina Loredhi por la alfombra crujiente y seca, y al fondo un discurso, camina Loredhi contándose las pisadas y se mete las manos en los bolsillos, otra vez, y las uñas tan mordidas, otra vez... Reconoce en el suelo, en un pedazo de espejo, el ojo castaño de un habitante más del circo de saltimbanquis, de chimpancés moribundos encerrados en las jaulas de metal y mierda… y al fondo el discurso lamentable del feriante repartiendo números para la tómbola…. Le ha tocado un televisor…. y Loredhi imagina al ganador, un hombre una mujer cualquiera atornillando sus nalgas a la tapicería de un sofá… Le ha tocado una moto acuática…. y Loredhi imagina a un hombre a una mujer, cualquiera, chapoteando en los ojos de una enorme ballena, mamífera fuera de fecha…

Camina Loredhi con las manos con las uñas de los dedos metidas en los bolsillos. Es otoño, tal vez hace frío.


video

lunes, 29 de septiembre de 2008

Tormenta en sábana

La cama se resquebraja…
olas blancas se han llevado la carne
y dos vientres hambrientos muerden el colchón…

Hoy la bandera roja
anunció tormenta,
las sábanas desvistieron su función arropadora
llenando de sal
unos ojos insomnes
que sin lágrimas
lloran…
calumnian
contra el temporal que se está llevando sus barcas,
blancas barcas sin velas
asistiendo al último naufragio de la madrugada…

Son las cinco,
ruedas de coches pisan las olas,
resuena la angustia
y los párpados antes de caer
miran,
miran al centro de la cama…
se resquebraja...
dos vientres hambrientos muerden el colchón.

martes, 23 de septiembre de 2008

Saludos insomnes

Saludos desde la corteza de un colchón
desde el tejado de la nube
donde los sacos de lluvia aguardan reprimidos.

Saludos desde los minúsculos pedazos de papel
que rompen la unidad
el cascarón el equilibrio
desde la piel seductora de todas las llagas del mundo...

Saludos desde la mitad del trayecto
el suicida coronando una pestaña,
desde el fondo de la palma de la mano de una vieja
vidente del vértigo.

Saludos...

... desde el final de un paso
desde la nada que lo habita
desde la lengua cortada a las seis de la mañana
por dos vidrios en las pupilas de una mujer cualquiera...

viernes, 12 de septiembre de 2008

Calendarios

El único calendario que consulta Loredhi es el que se apoya en la mesa de su trabajo. Anuncia un taller mecánico que no conoce ella pero su compañera sí. Cuando Loredhi consulta el calendario no ve más allá de números y de días de la semana que se ordenan en su cabeza en histórico orden: mirando al frente, a su izquierda el lunes, en el extremo derecho el viernes, y el findesemanatodoredondo hasta tocar domingo a lunes…. Igual que los meses del año, igual que las estaciones… El único calendario del mundo que consulta Loredhi es el de la mesa de su trabajo. Los demás, los que le regalaron taxistas, amanecen caducados en el fondo de su bolso…

Loredhi odia las unidades de medida, pero por las mañanas consulta obsesiva el reloj digital de su coche, y cuenta los segundos que quedan, y parece que al final va estallar una bomba… odia odiar algunas cosas, entre ellas ésta, pero le resulta de todo punto inevitable… como los celos, como la rabia, como la mala leche que algunas veces le entra por causas muy diversas… . Loredhi odia las unidades de medida, y fuera del trabajo, las únicas cifras que anota suman menos de diez…

Muere una persona, y a Loredhi se le caen encima todos los días del año.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Agazapada

Loredhi vive agazapada tras unas rodillas con costras.

Loredhi camina a diario y conduce y comparte su tiempo con personas y piensa, agazapada, en cartas que nunca escribirá. Loredhi recorta las imágenes que bailan a su derecha y a su izquierda y monta un collage esquizofrénico de personajes absurdos y no.

Le sube el volumen.

Loredhi borra nombres e inventa palabras que después olvida. Y es que la memoria a Loredhi se le perdió cuando rodó por aquellas escaleras de Serra con la edad de siete años; aquel día que se le partió el labio de abajo y unas manos de vieja le untaron de aceite de oliva la boca. Esto a Loredhi le da una mezcla de asco y de cariño, pero ya ni a ello vuelve, apenas tiene tiempo para pensar un poco, para enumerar mentalmente listados de cosas, ni para seguir con la frágil manía de llenar sobres de arena para cartas que no llegan.

martes, 2 de septiembre de 2008

Cuatro paredes

Cuatro paredes gotean la vela amarilla,
ríos de voces en el interior del oído de un sordo…
imágenes, angustia que anida bajo el antebrazo
y música intermitente encharcando los dos hemisferios.

Cuatro paredes gotean
sangre sobre la tecla erre
sobre la tecla erre
y ya es roja…
Ufanos fantasmas
asoman la punta de un pie
por debajo de la cortina…

Cataratas…
miedo color rojo en la escalera…

cuatro paredes gotean encierro.

lunes, 28 de julio de 2008

Una joya


El llanto está de fiesta

de María Peiró, mujer y poeta.

Si se pudieran encuadernar las ganas,
si fueran cuadros los minutos
en los que somos ombligo y todo.
Si en cualquier esquina se pudiera colgar el cartel de siempre
para nunca más soñar cuando se pueda.

Porque nadie es la desdicha que se esconde
y ata al mundo,
lo empaqueta,
lo enmudece.

Si pudiéramos encuadernar las ganas
y torcer cualquier tobillo, que doliera,
que doliera entre la tinta, que doliera
y doliera por la sangre, por las normas,
por los charcos de dolor...
que doliera y doliera solo porque el llanto es bueno
y duele.

miércoles, 16 de julio de 2008

Rotación vs. catálogo

Loredhi ya no escribe desde donde comenzó a hacerlo un año atrás. Loredhi cambia, como todo lo que le rodea, y a menudo le cuesta reconocerse... no hace un año, ni hace cuatro, le cuesta reconocerse hasta la mínima expresión a la que se pueda traducir el pasado, hasta un segundo atrás, o menos.

A Loredhi ya no le excita callejear, ni consumir una panoja de maíz a deshoras, ni zarandear percheros con ropas odiosas, ni parecer que charla animadamente en una patética terraza de moda con olor a suelo y orín, a Loredhi le gusta cobijarse tras catálogos ficticios de personas. Están, las que conducen, las que se untan de la modernidad hasta resultar dañinas, las alternativas falsas, las verdaderas, pero que entonces ya no van de alternativas, las que huelen a vainilla, o a coco, o a nada, las que apestan; las circulares o las palo, las peludas y las sintéticas... Las que caminan, las que esperan sentadas en la parada de un autobús, las auténticas, las clónicas, y así hasta llegar al número que sigue al número más alto... Y Loredhi sabe que siempre ha sido alguna de ellas, pero hoy le parece que nunca...

Pasó un segundo y ya todo ha cambiado, hasta el lugar desde el que comenzó a escribir este absurdo texto circular sin título.

lunes, 7 de julio de 2008

Piedras

Loredhi cruza la calle y se sienta en el escalón que separa el aire del asfalto. Flexiona las piernas, se apoya en las rodillas, y observa el ir y venir de las caras de las personas a un año luz de diferencia. Loredhi enciende un cigarro, camina con sus pupilas por encima de la gente, calibra esa ojera, esa saliva, esa camisa sudada pasada de moda… En la casa ya tiene una ventanita por la que fisgonear la podredumbre que hay en venta; algunas noches la enciende y después la apaga y más tarde vomita durante una hora todo pieles de serpientes.

Loredhi ha cruzado la calle, y se viene a sentar en el reflejo de aquel escalón de cemento que arañaba los muslos, se viene a acordar de las cabezas de los piojos ardiendo al sol, de ella flexionando las piernas, adorando a una camada de cachorros, de la textura de una rana, y de cuánto desde las costras en las rodillas…

Loredhi está lejos, ¿la ves? está sentada, casi de cuclillas, en el borde de tu acera baja. La cabeza se le hunde entre las rodillas, y una mujer a su lado se encorva y muere. La mano de Loredhi escarva y juega, juega con la tierra… juega a juntar tres más una, cuatro piedras.

jueves, 19 de junio de 2008

Por las noches

A Loredhi por las noches le visitan los fantasmas. Hace callar a cada tanto a cada uno pero ni con esas. Loredhi visita el mausoleo de los caníbales descalza y con un collar hecho de caballitos de mar. Qué lindo, le dicen, qué lindo collar marino adorna tu cuello. Loredhi escucha, y se da media vuelta y se arranca el cordel... un millón de caballitos se esparcen sobre las tumbas...

A Loredhi por las noches le visitan los fantasmas que sin la luna no se ven.

lunes, 16 de junio de 2008

Cambio de temporada

Domingo noche. Al fin se decide Loredhi a cambiar la temporada de su armario. Esta vez utiliza dos cajas para guardar en lugar de una, quizá porque la ropa de invierno abulta más o quizá porque se desquició un buen día del invierno comprando más prendas idénticas de lo que la gente considera normal.

Esta noche Loredhi busca encontrar nuevos colores para el buen tiempo: rojo, blanco, verde... nunca malva ni amarillo, pero vuelve a ser lo mismo de siempre: marrón, negro, gris, marrón, más de negro, verde militar y algún que otro naranja. Pantalones vaqueros gris, gris más oscuro, azul, azul más oscuro... Y unos piratas bien ceñidos que añoraba...

Después de guardar cada cosa en su cajón, es tarde, y Loredhi no sabe si sentirse bien o si sentirse mal. No encontró nada nuevo, y prefiere mirar hacia la calle y bajar la persiana sin pensar en nada ni en nadie.

Y vuelven las rutinas. En la noche de su espejo, Loredhi encuentra una cara cansada, algo bronceada hoy. Unos pendientes que cuelgan y que molestan al salir, su pelo de chico, unos dientes que se lavan esquizofrénicamente siempre a la misma temperatura, unos ojos castaños que miran raro y que quizá sean su único patrimonio puro, unos pijamas que tapan una piel todavía reacia al desnudo y unos pies de niña pequeña que se enfrían, que se enfrían y pisan despacio para no hacer más ruido de lo que la gente que duerme a esas horas considera el normal.

martes, 10 de junio de 2008

Cosas que no digo mientras vivo

Que te quiero escribir y no puedo
que te perdono
que construyo la mitad de mi lado
imaginando un hueco en la mitad de tu frente
que suspiro hacia mí
que no te he llamado

que te quiero

que te extraño

que me acuerdo mucho del final de tu espalda
del dulce triste que me dejaste bien cerca
de las amapolas
del mar que no te mira sereno
de que me duermo tendida en tu ala derecha

que soplas sobre mis pestañas
que me despiertas

que sueño eso
pero es mentira
porque no te siento
ni respiras

que me doblo por todos los lados posibles
que me hago hoja en blanco
en cristal verde botella

que hablo por hablar
y digo por decir
las cosas que no escribo
y mientras, vivo.

lunes, 2 de junio de 2008

Primavera

Las hojas en blanco que no escribe Loredhi crepitan bajo las suelas de sus zapatos de primavera.

Loredhi odia la primavera, odia vestir con colores claros, las pieles prematuramente morenas, los estampados de temática selva y las filas de dientes sospechosamente brillantes... Loredhi odia no calzar sus botas porque no toca, que la gente esté más sonriente, o más motivada o más ausente o más excitada únicamente porque es primavera... En realidad lo que Loredhi odia es que se tenga que hacer algo concreto porque es una fecha.

El aire es frío, hoy Loredhi camina zigzagueando el hambre de toda una mañana y se detiene en un semáforo rojo. De pronto se acuerda de sus calcetines azul grueso reposando sobre la cama. Y de sus botas negras en un rincón. De las tiritas tapando rozaduras en los pies descalzos de una mujer sin brazos... Y ahora llueve... llueve otra misma tarde y todo vuelve a parecerle ayer. Y Loredhi entonces se deja mojar, e imagina que es ella y que es otoño y que camina con sus hermanos pisando un charco por cada tres pasos..., sólo por cada tres pasos, no vale trampa.

El semáforo cambia a verde, y las hojas en blanco que no ha escrito Loredhi se deshacen bajo la suela de sus malditos zapatos nuevos color primavera.

miércoles, 28 de mayo de 2008

Ojos

Loredhi observa a un patinador que cruza la calzada, observa a un señor mayor, a una mujer paseando a una barriga...

A Loredhi le da la sensación de ser siempre unos ojos observando desde un coche a un patinador que siempre ha sido un patinador, a un señor que siempre ha sido mayor, a una mujer que no ha hecho nunca nada más que pasear a una barriga por enmedio de una ciudad hueca.

martes, 27 de mayo de 2008

Mañana y tal

Cosecha de agua
en el pavimento… y te hablo" Pablo Camus

Cosecha de agua
en el pavimento
y te hablo...
y te miro en cada gota
en el reflejo de ese charco que se cruza a mis mañanas
desde el fondo de mi suelo...

Cosecha de agua en el pavimento y frío,
respiración líquida de una hoja
que se desprende de la rama,
de las raíces de un árbol insano alimentado de cemento
y tos...
tos de mil bocas en blanco sobre una percha,
escamas circundando la cintura
de una voz que se cosecha en el agua...

agua en el pavimento...

y yo que te hablo..

jueves, 22 de mayo de 2008

Suelo

Loredhi camina mirando hacia el suelo. Loredhi cuenta las veces que las puntas de sus botas se adelantan alternando un pie y luego el otro, una punta de bota negra derecha gastada, una punta de bota negra izquierda gastada.... Y cuenta las veces que el ruido de los tacos aprieta la acera. Uno, dos, tres, cuatro, así hasta que se cansa, y es entonces cuando Loredhi recuerda una de sus tantas obsesiones al caminar, porque Loredhi es obsesiva aunque no lo parezca, porque lo es de cosas que van por dentro, o que no se ven, o que no se dicen. Loredhi recuerda, mirando adelantarse las puntas de las botas alternas, cómo odiaba pisar el rojo de las baldosas de su calle, y cómo saltaba del blanco al blanco del paso de cebra que le cruzaba al otro lado de un océano de lava. Porque era lava, aunque los demás no lo supieran.

Ahora todo eso a Loredhi le da igual. Y no sabe si le molesta o no.

miércoles, 14 de mayo de 2008

Solo

Sí, vociferas razones
a lo largo y ancho de tus hemisferios,
entre paredes que enjaulan a tu imaginación arrastras
quejidos del último altiplano que sonrojó las mejillas
en ese acto de amor lejano…

Sí, te inundas de miserias
regodeándote en la única palabra que hizo daño a tus párpados a tus oídos
a tus labios y brotó la herida,
y no quieres más que a tu insolente silencio…

Sí, reúnes lo que te queda de humano,
lo lanzas a la ingravidez de un sollozo,
a la piara de tu suelo,
a la sangre que deja de recorrer poco a poco tus dedos
tus sienes tu triturado de razones para caminar
solo,
solo a la vuelta de la calle fría que un día albergó las mangas de un abrigo.

miércoles, 23 de abril de 2008

Fine


Loredhi dice fine. Un fine que nunca llegará a ser ni la mitad de la mitad de emotivo que fue aquel Fine de la película hecha completa de besos en blanco y negro, y un hombre con su miseria entre las manos hundiéndose en la butaca. Fine que llega por obligación en cada etapa, en cada camino que se recorre sintiendo. Y Loredhi intentará coger lo bueno de lo que tiene alrededor, y lo menos malo de ella misma, y se colgará su bolso bandolera verde, aligerándolo de peso, y comenzará una nueva andadura. Esta vez no importará ni el color de las zapatillas, ni los pendientes que cuelgan, ni que el pelo esté tan cortito, esta vez Loredhi buscará piedras, y alguna flor que huela…

Loredhi dice fine. Y quizá lo haga porque necesita poner un nombre a aquella mujer triste que esta mañana cruzó por delante de su coche sin mirar, ponerle un nombre y verla marchar en silencio una día de primavera… Ahí va, con diecisiete kilos de melancolía dentro de tres bolsas de mercadona. Atiborrando los minutos de tristeza. Quizá Loredhi con un solo paso se sienta con fuerzas para hablar de ella, o quizá necesite toda una vida. Poco importa el tiempo, importa la primera pisada que siempre vendrá detrás de un fine, un fine que hoy Loredhi dice, y que jamás llegará a ser ni la mitad de la mitad de emotivo que aquel que cerraba la película hecha completa de besos en blanco y negro.

sábado, 19 de abril de 2008

Búsqueda

"Busco en la orilla de un catre una ilusión...". Pablo Camus.

Busco la cicatriz que luce un alma
el arranque a los suspiros que no dejan vivir,
busco entre las telarañas de mi techo
una luna blanca y redonda
fría y de cristal quebrado sobre la palma de mi mano.
Busco la voluntad la palabra,
el gesto preciso que arrope a una sombra
en la planicie de un pecho
abierto en dos.
Busco la cadena de plata
un cenicero verde botella cobijando la última calada del sirviente,
el claroscuro de un tapiz de equinos,
el cabalgar sobre una sonrisa impresa en la cara
sobre el baile blasfemo
alborotando escuelas viejas.
Busco en cada caricia
la estructura para un esqueleto a reventar,
las últimas gotas de una estrella sin alas.

Busco la siguiente mitad que descansa sobre el fondo de mi talón izquierdo.

lunes, 7 de abril de 2008

Lejanía

No es posible haber perdido la grava de los bolsillos
no tener un cementerio de animales,
un cielo y no es posible una mano cruzando
pasos de cavernícolas urbanos hacia el suicidio,
no es posible haber perdido la costumbre de sacar los piojos al pelo.

No es posible caminar si contar las suturas,
cemento es lava bajo el blanco del paso de cebra,
no es posible olvidar que hay grasa bajo los cuerpos,
callar cuando se quiere hablar
no espiar tras los zapatos rojos y una puerta,
no es posible dejar
de caminar descalzos
y hacer las cosas una sola vez,
no es posible mirar cuando es posible construir
palacios tristes dentro de una habitación

jueves, 3 de abril de 2008

Espiral

El puño aprieta la amígdala derecha y luego la izquierda y tropieza con el fuelle de la voz. No hay voz. No hay música. No hay nada en la cabeza susceptible de convertirse en piedra, tijera y papel. Siluetas de colores cruzan por el paso de cebra y un semáforo en intermitente naranja hace mirar. Sí, los ojos tal vez vean, pero sigue la poca luz, la cantinela descosida de la polución, la sed de una boca muda en una tienda de moda. La garganta es, y unas tenazas la aprietan. Agolpadas tras la tráquea, un puñado de palabras esperan ansiosas derramarse por el paladar...

Respira sola rociada de materiales interrogantes y nocivos, preguntas en el interior de un circo romano color albero. Capeando historias e histerias dejan traslucir los párpados de un pez que mira hacia arriba. Comiendo papeles en blanco. Y no se muere. Como mucho duele un golpe de mazo en el vientre, pero no se muere.

Tras la última parada unos ojos de mujer se enganchan a su sombra.

jueves, 20 de marzo de 2008

Loredhi intenta integrarse

Loredhi escapa de los últimos restos de fuego, abandona una ciudad invadida por hormigas y por gigantes fumadores de pipa. Parece que al fin dejará de mirar extraño a los colores de los semáforos, a la gente, y también a sí misma, como cuando la otra noche fijó sus ojos en el espejo del cochino lavabo de un bar en el centro.

Loredhi ha caminado mucho estos días, con zapatos cómodos o no, con pendientes y sin, con su pesada bandolera verde a cuestas. Loredhi ha sonreído, poco abiertamente y mucho a medias, ha besado, ha conversado todo y nada, siempre con la extraña sensación de parecer idiota. Loredhi ha curioseado tenderetes y multitud de caras atípicas saliendo de las entrañas de la ciudad, de las alcantarillas, personas-cucaracha asomando sus antenas entre los barrotes de las vallas que cierran el puto noventa por ciento de las calles, y más...

Loredhi, juro que se ha esforzado en pertenecer a algo, como por ejemplo a una tradición, pero la realidad es que se siente extraña grado máximo y por eso escapa, a la montaña o a la luna, o quizá a su mirada más amarga, eso lo mismo da, y comprará para llevarse libretas y acuarelas y una pieza de barro blanco que apuesto no va a tocar...

Lordhi recuerda hoy cuando, hace un año, también contaba que escapaba.... era un día de primavera frío y lluvioso, y nada que ver con ahora, solamente lo referente a la acuarela.

martes, 11 de marzo de 2008

Hanna

Hoy Loredhi se siente tremendamente rara. Es la segunda vez que a Loredhi en el primer día de un nuevo trabajo se le muere un animal doméstico. Primero fue un periquito hace más de un año. Hoy Hanna, la pacífica ratona autista y neurasténica. Hoy Loredhi escribe de espaldas a donde lo hacía siempre.

Hoy Loredhi ha sufrido con el llanto de una niña al otro lado del teléfono y ha maldecido no poder estar allí, no poder apretar esas lágrimas contra su pecho y besando el pelo. El pelo de su niña. Y Loredhi ha maldecido también no encontrarse esas lágrimas que un día también derramó por un animal doméstico, ha maldecido tener aprensión al mirarlo.

Hoy Loredhi ha vivido de cerca pero de lejos la sensación del llanto limpio. Y se siente tremendamente rara.

jueves, 6 de marzo de 2008

Mujer con maleta

Acercaos: no nos ve.
Yo no sé qué es más gris,
Si el acero frío de sus ojos,
Si el gris desvaído de ese chal
Con el que se envuelve el cuello y la cabeza,
O si el paisaje desolado de su alma.”

Dámaso Alonso – Poema “Mujer con alcuza”.

Es la ciudad y anochece,
y va en la mano de una mujer
una vieja maleta de ruedas,
zigzaguea por el agrio amarillo que una farola dibuja
en el traquetreo de una sombra que viaja cosida
a la mano, al destino, a unas vías de tren
recogiendo los pasos de una mujer sola.

Y camina ya largo la maleta,
no, digo,
la mujer con maleta de ruedas pintando una línea amarilla,
rabiando de frío
apretando los labios
mordiendo por dentro la boca escocida de tanto murmurar las dudas.

Y atrás quedaron los gritos,
los niños espantando mendigos y palomas,
atrás quedaron las preguntas escritas en un pétalo
de una mariposa en el hombro,
atrás las personas y las casas
las cadenas con delantal y el mimbre,
como si aniquilara al reloj un paisaje de tren a través de una ventanilla.

Y se van,
se van los molinos de viento
los fantasmas blancos de papel
sacudiendo sonrisas, tierra
y cielo tras el cristal
a la velocidad de una burbuja.

Es la ciudad y anochece,
anochece sobre las caderas de una mujer que camina,
y rompe el silencio
la agonía de unas ruedas sobre la acera,
el traqueteo del tren recorriendo la garganta de una muda...

Camina sola una mujer con maleta triste en la mano derecha.

martes, 4 de marzo de 2008

De ideas fijas

Y es que Loredhi siempre fue de ideas fijas, pocas pero fijas. Estáticas, inamovibles, muchas de ellas carentes de sentido práctico y de comunicación…

Y es que si le da por no hablar no habla, si comienza a amontonar papeles no para, si se pone paciente hasta aburre, si se propone cambiar algo de su vida lo demora tiempo mínimo un año…

Y en sus listados de preferencias, odia completo los espejos, tener que sonreír a los adultos, la vida en comunidad, la televisión y de lo dulce el cabello de ángel; odia medio conducir, los abrigos hasta el suelo, el consumismo, los pelos cardados, y la raya de un ojo marrón pintada de azul; y odia a secas a las personas que no escuchan.

Y es que, como aquel primero de un año, todo en ella sigue igual… le continúan tiritando las manos cuando se pone nerviosa, caminando con la orilla de la falda descosida por detrás hasta que se lo recuerdan, con las botas negras viejas a toda hora, con las manos guardadas, con las uñas mordidas, con un cúmulo inservible de rituales que ya no le satisfacen, con las bombillas de la casa encendidas, con el cerebro ausente, con las manecillas del reloj como enemigas, con el pelo tan cortito, y con la esperanza de que hoy el día no sea distinto…

Y es que Loredhi sigue caminando lenta pero con prisas, que hasta en eso es puñetera.

Y la puerta seguirá siendo un misterio, y la noche un aliciente, el abrazo una utopía, y el caminar de la mujer una fuente de inspiración… Y tan sólo cambiará la nota el regusto al girar la manecilla de la soledad, al dar la vuelta al cansancio que ayer no le dejaba soñar en colores.

jueves, 28 de febrero de 2008

Falta

Monumento a la incomprensión de un puñado de ladrillos

Falta tiempo en los números
el talón sobre una huella
falta silencio al otro lado de la caja,
falta el suelo inactivo por los pétalos de una duda
el roce a la vuelta
el aliento en la mandíbula de un perro,
falta esqueleto a la piel
grito a la pupila
la mitad de la víscera en la palma de una mano,
falta cielo
la punta de una estatua
la parte de arriba de la respiración...
falta
nada.

lunes, 18 de febrero de 2008

Discurso de Eva (Carilda Oliver Labra)

Transcribo íntegro este poema intemporal, de una mujer que ha sabido decir con femenina genialidad lo que muchas hemos callado, espero que lo disfrutéis.

Hoy te saludo brutalmente:
como un golpe de tos
o una patada.
¿Dónde te metes,
a dónde huyes con tu caja loca
de corazones,
con el reguero de pólvora que tienes?
¿Dónde vives:
en la fosa en que caen todos los sueños
o en esa telaraña donde cuelgan
los huérfanos de padre?
Te extraño,
¿sabes?
como a mí misma
o a los milagros que no pasan.
Te extraño,
¿sabes?
Quisiera persuadirte no sé de qué alegría,
de qué cosa imprudente.
¿Cuándo vas a venir?
Tengo una prisa por jugar a nada,
por decirte "mi vida"
y que los truenos nos humillen
y las naranjas palidezcan en tu mano.
Tengo unas ganas de mirarte al fondo
y hallar velos
y humo,
que, al fin, parece de llama.
De verdad que te quiero,
pero inocentemente,
como la bruja clara donde pienso.
De verdad que no te quiero,
pero inocentemente,
como el ángel embaucado que soy.
Te quiero, no te quiero.
Sortearemos estas palabras
y una que triunfe será la mentirosa.
Amor...
(¿Qué digo? estoy equivocada,
aquí quise poner que ya te odio.)
¿Por qué no vienes?
¿Cómo es posible
que me dejes pasar sin compromiso con el futuro?
¿Cómo es posible que seas austral
y paranoico
y renuncies a mí?
Estarás leyendo los periódicos
o cruzando
por la muerte
y la vida.
Estarás con tus problemas de acústica y de ingle,
inerte,
desgraciado,
entreteniéndote en una aspiración del luto.
Y yo que te deshielo,
que te insulto,
que te traigo un jacinto desplomado;
yo que te apruebo la melancolía;
yo que te convoco
a las sales del cielo,
yo que te zurzo:
¿qué?
¿Cuándo vas a matarme a salivazos,
héroe?
¿Cuándo vas a molerme otra vez bajo la lluvia?
¿Cuándo?
¿Cuándo vas a llamarme pajarito
y puta?
¿Cuándo vas a maldecirme?
¿Cuándo?
Mira que pasa el tiempo,
el tiempo,
el tiempo,
y ya no se me aparecen ni los duendes,
y ya no entiendo los paraguas,
y cada vez soy más sincera,
augusta...
Si te demoras,
si se te hace un nudo y no me encuentras,
vas a quedarte ciego;
si no vuelves ahora: infame, imbécil, torpe, idiota,
voy a llamarme nunca.
Ayer soñe que mientras nos besábamos
había sonado un tiro
y que ninguno de los dos soltamos la esperanza.
Éste es un amor
de nadie;
lo encontramos perdido,
náufrago,
en la calle.
Entre tú y yo lo recogimos para ampararlo.
Por eso, cuando nos mordemos,
de noche,
tengo como un miedo de madre a quien dejaste sola.
Pero no importa,
bésame,
otra vez y otra vez
para encontrarme.
Ajústate a mi cintura,
vuelve;
sé mi animal,
muéveme.
Destilaré la vida que me sobra,
los niños condenados.
Dormiremos como homicidas que se salvan
atados por una flor incomparable.
Y a la mañana siguiente cuando cante el gallo
seremos la naturaleza
y me pareceré a tus hijos en la cama.
Vuelve, vuelve.
Atraviésame a rayos.
Hazme otra vez una llave turca.
Pondremos el tocadiscos para siempre.
Ven con tu nuca de infiel,
con tu pedrada.
Júrame que no estoy muerta.
Te prometo, amor mío, la manzana.

viernes, 15 de febrero de 2008

Insomnio

Mejilla derecha sobre párpado abierto,
espalda del ausente
entonando canción de cuna para un adulto
que recuenta listas de muertos y de lluvia tras el cristal,
y no se secan esta noche las estrellas,
y las ruedas salpican en la frente cada cuatro segundos
al que tumbado sobre mejilla sobre párpado derecho entreabierto
no duerme,
respira.

Colchón del insomne,
borregos enredados en las telarañas de un reloj
de paredes entre sábanas a oscuras,
y sólo arropa una luz en la ventana
una cortina sobre el neumático ahogando el último ladrido.

Urbe,
noche,
espejos sin reflejo...

jueves, 14 de febrero de 2008

El día del Mercado

¿Te has quedado sin ideas?

Pasa ...
aquí encontrarás el regalo más acertado,
logos on line,
rebajas en artículos sorprendentes
y envío directo de oro,
poesías adulteradas,
tarjetas musicales,
flores virtuales y test de reconciliación,
horóscopos y piropos por el orden alfabético.

Total discreción.

Regalos originales,
excitantes,
únicos,
bálsamos mágicos para corazones heridos
cornamentas descubiertas
y listados de excusas para encontrar perdón,
buena suerte...

Y a las doce
tómbola en el chat,
envíe en SMS "SANVALOVE" al 334
y gana un intercambio de pareja
sin coste adicional.

Bienvenido a San Valentín, Día oficial del Mercado.

lunes, 11 de febrero de 2008

Loredhi y las fechas

Loredhi odia odiar, pero algunas veces no puede evitarlo.

Se acerca el día de San Valentín, y Loredhi ya ha visto corazones rojos con cintas del mismo color adornando los escaparates. A Loredhi le parece bien que un santo se llame Valentín, aunque no le gusta el nombre, pero lo que le fastidia hasta el grado extremo es que se nos quiera meter con calzador y por detrás el amor.

Loredhi conoce muchos corazones pero más bien rotos. Además se los imagina granates y morados y asquerosos, y no rojos y de terciopelo, y le parece patético que nos movamos como marionetas al ritmo de las fechas. Porque al final, ¿qué queda?, una descripción, un código, una foto... y la posibilidad de tapar con un corazón rojo la mierda. Nada más que eso.

Y lo que más odia odiar Loredhi es saber que ella, en el fondo, fijo que es del club de las marionetas.

viernes, 8 de febrero de 2008

Vuelo

"... sueña que un hombre de lejos
de cerca te besa..." Paloma Ángel

Ha volado una gaviota
sobre la azotea salpicada de sol,
ha volado esta tarde una gaviota luz
dos alas sumergiendo el azul en la memoria
de las sienes mudas,
ha volado el ala de gaviota entre cal
blancas alas rotas sobre techo agónico
de labios esperando al hombre
que de lejos de cerca besa.

Ha volado la gaviota en sueños
y una azotea salpicada de sol,
la estampida de murciélagos ha volado hoy
sobre una frente de mujer dormida.

lunes, 4 de febrero de 2008

Del grupo Normal

Loredhi nunca tuvo anécdotas demasiado interesantes para contar, ni destacó en la clase por popular, ni por líder ni por nada, solamente un poco por dar por el saco a alguna profesora en particular. Loredhi no fue la atrevida ni la estudiosa, ni tampoco la guapa ni la alta ni la buena deportista. A Loredhi le daba tremenda vergüenza cantar sin soledad y recuerda que le pusieron unas gafas terribles en quinto de básica que muy pronto perdió adrede para no tenerlas que llevar.

La vida de Loredhi podría clasificarse como que fue del grupo Normal.

Loredhi se crió entre chicos y también entre mujeres mayores, por eso entiende más o menos a los hombres y por eso le dan pena las señoras de más de cincuenta. Loredhi odiaba el color rosa, los diminutivos, las niñas rubias, los lazos, cualquier tipo de vestido y los calzados que no fueran deportivos. Pedía muñecas sólo por fastidiar, y después las abandonaba en un rincón y olvidaba vestirlas de nuevo o pasarles el cepillo por aquel pelo tan raro.

Loredhi fue cuidadosa hasta que comprobó la poca utilidad del orden, fue soñadora hasta que comenzó el insomnio, estudió música hasta que se aburrió de la constancia y deseó tener un perro hasta que se independizó.

Loredhi siempre fue una tímida disimulada y una aspirante a eterna vagabunda, a caminar mirando al suelo por el camino de tierra y a patear las piedras una por una, respirando muy hondo y soplando hacia los ojos para no tener nunca que mostrar a nadie que sabe llorar. Porque eso es de diminutivos, de vestidos, de lazo y de niña. Y Loredhi siempre quiso ser todo menos eso.

sábado, 2 de febrero de 2008

Paralelo

Y no es que camine en paralelo a algo, es que su andar es paralelo.
Paralelo y hacia el fondo.

Loredhi sale de rebajas para no comprar, discurre entre la risa floja y el infierno durante varios momentos del día, no sabe calcular el número de frío que ha pasado hoy y cuánto hace que vio la última película más emocionante.

Loredhi trabaja en un frenopático del centro de la ciudad y come un plátano al día, por el magnesio, odia los pelos cardados y el maquillaje de madre de comunión. Usa dos animales domésticos, un periquito de ascendencia madrileño y enamorado de sí mismo y una ratona autista, ambos solteros, Loredhi les pone su ración de comida diaria y mientras lo hace se debate entre el cariño y la pereza que le dan.

Loredhi sigue teniendo unas zapatillas verdes con letras rojas y ganas de caminar, de caminar aunque sea en paralelo.

jueves, 31 de enero de 2008

Ceguera

Hay cadenas que no son hierro
que son sangre y vísceras, unión de dos arterias
en el punto donde el estómago se hace hambre.
Hay cadenas que son lazos sin cierre
sin el óxido helado de una cavidad,
que son nudos sofocantes arañando esófagos lava
y venas manos
y dedos entrelazados ahogando espíritus
en el despertar y un catre.
Hay cadenas que son tramas oscuras
haciendo y deshaciendo trajes de moribundos
en el preludio del cansancio,
que relamen la próxima gota de sal
y suben por la garganta retando la voluntad del maldito
hasta alcanzar la boca...

... Y ahora sí hay hierro en la mirada
óxido en la punta de la frente,
y enloqueciendo de rabia
en afán de querer respirar aletea
y llega el torrente de agua salada y caen,
caen lágrimas sobre cadenas... ceguera de un animal.

jueves, 24 de enero de 2008

Otra cara y belleza

Vuelve a reinventarse un día en una misma ciudad y vuelve una mujer distinta. Esta vez quizá más bella.

No se arregló ni se pintó más de lo poco normal, no sonríe frente al espejo por la mañana ni a media tarde, no canta, no propone cosas distintas no innova, y se sigue sin considerar original... sólo ha llorado, y eso siempre despeja el fondo de unos ojos. Eso para quien lo sabe ver.

Camina la mujer por las aceras de una ciudad que hoy vuelve a parecerle ajena, que hoy le pesa, que daría lo que fuera por desintegrar de la faz de la tierra un par de horas, no más. Lo suficiente para añorarla, para llegar a querer moverse cómoda por sus calles otra vez. Y las personas pasan, y se cruzan con ella, todos fantasmas a la orden de un semáforo, y encuentra en eso lo único en común con el resto. Ni siquiera tener dos piernas con dos pies, prenderse un cigarro apresurado o subirse el cuello de un abrigo pendiente de cepillar, ni siquiera poner una pisada detrás de la otra, ni siquiera eso es semejante hoy. Sólo es el luminoso de un hombrecito verde o rojo lo que le une a ellos. Parar o andar. Ser obedientes, claro está.

La espalda pesa más hoy, y vuelve el esfuerzo de una adolescente por mantenerla erguida, y parecer más recta, más alta, más segura, más ausente de esa larga lista de complejos disimulados con el esfuerzo de una actriz en pleno apogeo. Y se da cuenta de que solos han ido cayendo uno a uno los jodidos complejos. Y reconoce que en la realidad le repatearía en el alma lucir unos dientes perfectos, una nariz mínimamente recta, unas uñas algo femeninas, decir siempre la verdad, y cruzar por la calle sintiendo que los demás son sus amigos.

Quedémonos con eso. Mira hacia el fondo de sus ojos y dile que está bella, más bella de lo normal. Creo que será suficiente para que sonría... aunque sea de mentira.

miércoles, 23 de enero de 2008

Catarsis

Al fin has salido de la quemazón y de esas piedras al rojo vivo que hervían en el centro de tu cabeza. Al fin.

Al fin respiras, aunque sea a trompicones, a aullidos, a bocanadas nocturnas de aire y fría luna escondida tras toneladas de basura urbana. Al fin.

Al fin emergen pecho y cabeza hundidos en piedras premonitorias de carne y papeles de caramelos arrastrados por las huellas de una vieja. Al fin tomas un cigarro y aspiras su veneno con conciencia de una muerte... Pero no es aquello, no es una cabeza y no es un pecho, no es una garganta llena de rocas rojas que desgranan puras lágrimas de tu frente a las cinco de la mañana...

miércoles, 9 de enero de 2008

Catálogo de manías infructuosas

- Morderme las uñas y caminar fijándome en los colores del suelo y evitando tener que parar.
- Comenzar a leer desde el final lecturas livianas y olvidar a menudo para qué existe la memoria.
- Mirar raro, tomar ojeriza a determinadas personas, a determinados nombres, a determinadas cosas, todo eso sin motivos.
- Fumar insistentemente y también olvidar hacerlo igual de insistentemente.
- No pinturas en la cara.
- Callarme de largo cuando me apetece, hablar demasiado sin querer.
- Dormir tapada hasta arriba.
- Chocolate
- Chocolate
- Y chocolate.
- Beber agua a morro.
- Los colores lisos y siempre un disfraz de sombra.
- Hacer que soy vieja sin serlo, hacer que soy niña sin serlo, hacer que soy normal sin saber exactamente qué debe ser eso.
- Cucharilla larga para el desayuno
- Ducha eterna y caliente
- Soledad.
- Altavoz al enfadarme.
- Pacifismo y alta dosis de mala leche todojunto.

jueves, 3 de enero de 2008

Lydia

Son las ocho de la tarde del dos de enero, Loredhi sale de su casa en coche, quizá escapando del silencio que la mantuvo aislada en los últimos días.

Loredhi llega al parking de un centro comercial y baja una planta, dos plantas, y hasta la tercera, por una espiral que le recuerda a las hechuras de su cerebro.

Se fija que aparcó en la zona A. Porque Loredhi nunca se encuentra después en los garajes de los centros comerciales. Por eso se esfuerza en fijarse en este tipo de detalles. Esta vez zona A.

Se quita el ticket de la boca y lo mete en el bolsillo trasero del vaquero, como hace siempre, porque si entra el ticket en el bolso de Loredhi está condenado al extravío y ella lo sabe, y por eso siempre lo guarda en el bolsillo trasero de su vaquero.

Sube por las escaleras mecánicas.

En el primer sótano se comienza a escuchar un villancico por el hilo musical.

Loredhi a veces siente miedo de salir cuando pasa mucho tiempo encerrada, pero hoy decidió hacerlo y mezclarse entre la gente, y eso hace años le hubiera costado más. Porque Loredhi es de carne y hueso y además antisocial.

Suben lentas las escaleras mecánicas y Loredhi fija su atención en unos calcetines de rayas de colores que se mueven ante ella. Los lleva una niña de unos once años que sonríe y mira hacia detrás, a sus padres, juguetona, mientras espera ansiosa que lleguen las escaleras arriba. Los calcetines de rayas de colores resaltan sobre unos mocasines gastados azul marino. A Loredhi le enternece ese detalle. Que no combinen. Ni los calcetines ni los zapatos. Ni tampoco el chaquetón con pelo en la capucha dos tallas más grande. Ni la diadema dorada. Ni la pulsera de bolas negras y blancas que asoma por su muñeca delgada... Ni siquiera su sonrisa franca, deformada por un corrector de dientes, combina con las caras de las demás personas. A Loredhi le enternece esa niña impaciente con diadema y pelo largo porque encuentra que es lo más bonito que esa tarde podrá encontrar en un centro comercial.

Y le entran ganas de abrazarla, porque le recuerda quizá a su hija... o quizá a lo poco que queda de ella misma en una moderna escalera del día dos de enero aparcado en la zona A.

Se llamaba Lydia, y Loredhi decidió después de verla que hoy iba a escribir sobre ella.

martes, 1 de enero de 2008

A medias

Sírvase el café con dos de contradicción, la pasta con sonrisas manifiestas, el último trago aquí.

Pueden caer tres estrellas sobre mí y no verlas. Pueden subir globos de ceniza y no alcanzar la azotea de tu cielo... pero pueden llegar, y hasta pasar de largo, y tropezar con la pared que esconde un muro.

Algo parecido a caminar en redondo o hacia atrás. Algo parecido a esto.

Media mentira y media verdad.