Una mujer camina rápido haciendo cuentas en la cabeza, sumas y restas y esa frágil memoria que todo lo deriva al desagüe del olvido.
Una mujer y sus números abstractos, sus maldiciones breves, su manera de medir mientras camina. Una mujer búho que supura curiosidad y se bloquea con el verde del luminoso en aquella esquina, e intenta recordar quién anuncia ese cartel, una cara, un nombre, una sonrisa sin dueño... no, tampoco es presente.
Una mujer que camina y se diluye con la entrada de la noche, sombra es.
Unos pasos se estacionan frente a ella.
Stop.
Silencio otra vez.
El miedo le envuelve la cabeza como al ladrón la media transparente que lo deforma. Mueve un hombro la mujer y, sin mirar, continúa caminando. Las manos en los bolsillos y las yemas de los dedos se sitúan. El aire huele bien.
Una mujer camina, bandolera cruzada llena de historias y unas botas adornando el movimiento de cintura.
Voces de los niños en el extremo del parque.
Cuatro pies avanzan y la mujer camina lento. Un corazón a su lado late rojo.
jueves 12 de enero de 2012
viernes 9 de diciembre de 2011
Loredhi loves
Se queda parada en el borde, junta los pies y de repente le da miedo que su presencia esté ocupando más espacio del previsto.
Los besos en el parque le acercan a la piel bajo el sol.
Un hombre con su desfile de comedias se planta a tres pasos de ella, se enciende un cigarro y ladea la cabeza al aspirar el humo y la mira a través de la carne. Solo un minuto el necesario para abrirse dentro de su cabeza un ramaje verde de espirales.
Stop.
La respiración. Dominio del cuerpo recobrado con la respiración... tom tom tom....
Un paso atrás y él desaparece.
Se queda parada en el borde, junta los pies, una sirena y mientras aterriza vuelve el oxígeno a la cabeza, tres minutos y medio dice el reloj que tardó en darse cuenta de esto.
Los besos en el parque le acercan a la piel bajo el sol.
Un hombre con su desfile de comedias se planta a tres pasos de ella, se enciende un cigarro y ladea la cabeza al aspirar el humo y la mira a través de la carne. Solo un minuto el necesario para abrirse dentro de su cabeza un ramaje verde de espirales.
Stop.
La respiración. Dominio del cuerpo recobrado con la respiración... tom tom tom....
Un paso atrás y él desaparece.
Se queda parada en el borde, junta los pies, una sirena y mientras aterriza vuelve el oxígeno a la cabeza, tres minutos y medio dice el reloj que tardó en darse cuenta de esto.
lunes 14 de noviembre de 2011
Sunday best
Conduce un domingo por la mañana sin gafas de sol porque afortunadamente amaneció nublado y será un domingo entero bajo techo. Callejea con su coche y se va parando con cada semáforo en ambar. Las calles están llenas de espacios vacíos de personas. No acelera esta vez, frena, porque no hay prisa, porque el cielo le regala un gris que anula cualquier actividad trepidante, y porque es domingo, es por la mañana, y a esa hora la piel es amarilla.
Su mejor traje de domingo.
Enciende la música e interpreta la percusión sobre el volante mientras observa cómo cruza una pareja de extranjeros altos y mayores que parecen hermanos mellizos, los dedos tamborilean, y una familia de anoracs y caras de sueño traquetreando el azul del triciclo y el niño que ya no se quiere montar. Todo son repeticiones, la uniformidad de la pareja de mayores, el niño, el color de la piel, el triciclo, los padres ausentes, el autobús que pasa relinchando su carencia de material humano. Todo pasa menos deprisa una mañana de domingo de noviembre, y el cigarro no acelera y no es tan grave la sensación de inmediatez,de minuteros en los neumáticos.
Es el único coche que quedó en la avenida, vestido de domingo, con la percusión a todo volumen y las fuerzas desgastadas pero bien. Insomne del pálpito por enjuagar los pensamientos y ponerlos a secar sobre el papel en blanco de una pantalla bajo techo.
Su mejor traje de domingo.
Enciende la música e interpreta la percusión sobre el volante mientras observa cómo cruza una pareja de extranjeros altos y mayores que parecen hermanos mellizos, los dedos tamborilean, y una familia de anoracs y caras de sueño traquetreando el azul del triciclo y el niño que ya no se quiere montar. Todo son repeticiones, la uniformidad de la pareja de mayores, el niño, el color de la piel, el triciclo, los padres ausentes, el autobús que pasa relinchando su carencia de material humano. Todo pasa menos deprisa una mañana de domingo de noviembre, y el cigarro no acelera y no es tan grave la sensación de inmediatez,de minuteros en los neumáticos.
Es el único coche que quedó en la avenida, vestido de domingo, con la percusión a todo volumen y las fuerzas desgastadas pero bien. Insomne del pálpito por enjuagar los pensamientos y ponerlos a secar sobre el papel en blanco de una pantalla bajo techo.
jueves 27 de octubre de 2011
Leyendo
Intento dar nombre a ese crujir de historias que oscilan en mi oído y condicionan el momento en punto. Dar paso al esmalte en las uñas, al sujetar un libro, a las mangas de camisa deshojadas en ambigú sobre el suelo.
Subo el tono del silencio, me esfuerzo en no mirar hacia lo que bulle detrás. La mudez desnudando los oídos enfermos, tapados con los dedos de imaginar en el mismo instante en que la letra tocó a la idea, en que se abre la brecha hasta el fondo, los quebrantos del niño que mide con las pupilas fijas el diámetro exacto de una cara. Se abre la caída libre a un templo de rebelión, de furia inmensa, de extrañamente no te tengo, de inquietud. Leyendo al hombre contar las venas del brazo en el tictac del silencio que apoya el libro, y se despista otra vez, camino viejo, y otra vez ese esfuerzo ese intentar dar nombre al crujir de pensamientos y detrás del mar.
Subo el tono del silencio, me esfuerzo en no mirar hacia lo que bulle detrás. La mudez desnudando los oídos enfermos, tapados con los dedos de imaginar en el mismo instante en que la letra tocó a la idea, en que se abre la brecha hasta el fondo, los quebrantos del niño que mide con las pupilas fijas el diámetro exacto de una cara. Se abre la caída libre a un templo de rebelión, de furia inmensa, de extrañamente no te tengo, de inquietud. Leyendo al hombre contar las venas del brazo en el tictac del silencio que apoya el libro, y se despista otra vez, camino viejo, y otra vez ese esfuerzo ese intentar dar nombre al crujir de pensamientos y detrás del mar.
miércoles 19 de octubre de 2011
Pauta onírica
Son las pausas emocionales las que nos hacen temblar en ese paso largo del pensamiento,
en la zancada que te observa desde el otro lado del semáforo
y se ríe de ti,
buscando el hueco cuando titubeas
cuando tiemblas por los poros de sudar.
Pausas de granito
presumiblemente incómodas
disconformes en su falta de autoridad y
extendiéndose como la lava por el cuerpo que anida bajo el cielo oscuro,
por el cuerpo que gravita como una hoja sobre lo denso del aire,
amalgama de deseos trasnochados.
Pausas como martillos de rabia y de silencio en las puntas,
pausas de azufre
de color incontrolado
de desazón en las sábanas,
pausas de hervideros de nieve,
relámpago en la proporción de un cable eléctrico que te alcanza la garganta y te sacude,
directamente al paso en ese largo pensamiento,
y alguien se ríe de ti
al otro lado del semáforo.
en la zancada que te observa desde el otro lado del semáforo
y se ríe de ti,
buscando el hueco cuando titubeas
cuando tiemblas por los poros de sudar.
Pausas de granito
presumiblemente incómodas
disconformes en su falta de autoridad y
extendiéndose como la lava por el cuerpo que anida bajo el cielo oscuro,
por el cuerpo que gravita como una hoja sobre lo denso del aire,
amalgama de deseos trasnochados.
Pausas como martillos de rabia y de silencio en las puntas,
pausas de azufre
de color incontrolado
de desazón en las sábanas,
pausas de hervideros de nieve,
relámpago en la proporción de un cable eléctrico que te alcanza la garganta y te sacude,
directamente al paso en ese largo pensamiento,
y alguien se ríe de ti
al otro lado del semáforo.
jueves 29 de septiembre de 2011
Decir que no te pienso
es tan remoto como creer que no te escribo, que no es verdad que me acompañas en ese no sé qué de pasos y de pelos que me adornan la cabeza cuando cruzo en rojo el semáforo. Afirmar que no te llamo por dentro es una absurda mentira que hasta el último gato de la noche conoce. Hacer una cronología de tiempos cuando el reloj de arena aun no se ha dado la vuelta es un error inevitable. Echarte de más y de menos cuando no eres ni persona es de un romanticismo acuoso, casi ingenuo, comparable al del mercurio desfasado en fiebre y manos de madre acercando un vaso de agua a los labios.
Busco la fragilidad del instante, el meterme en tu cintura sin contar hasta diez, y solo vivo el aire que me inunda desde aquellas noches en que soñaba a muchas personas en torno a una mesa y gritando. Luego, una bocanada dura y el mundo se torció en aquel punto extraño, irreconocible y desterrado en la memoria de los pupitres. Punto que cincela de nuevo un boceto en el que los pájaros ya no están enjaulados y pocos niños miran hacia atrás. Punto tan remotamente gélido que desplegó su anonimato para devolverme a esta tierra rojiza en la que camino contando mis huellas,
en la que decir que no te extraño es tan remoto como negarte que respiro
Busco la fragilidad del instante, el meterme en tu cintura sin contar hasta diez, y solo vivo el aire que me inunda desde aquellas noches en que soñaba a muchas personas en torno a una mesa y gritando. Luego, una bocanada dura y el mundo se torció en aquel punto extraño, irreconocible y desterrado en la memoria de los pupitres. Punto que cincela de nuevo un boceto en el que los pájaros ya no están enjaulados y pocos niños miran hacia atrás. Punto tan remotamente gélido que desplegó su anonimato para devolverme a esta tierra rojiza en la que camino contando mis huellas,
en la que decir que no te extraño es tan remoto como negarte que respiro
jueves 7 de julio de 2011
Romanticismo
Demasiada erre para una sola palabra. Romanticiso suena a robot, a acero, a rueda; demasiado agotador.
Compró un pijama de campanilla y le faltó tiempo para echarse a llorar, contra todo pronóstico. Recula en Frida Kahlo y le sigue fascinando ese nombre, esa imagen, como si de un autorretrato se tratara, un autorretrato del sufrimiento circular, el que erosiona los hombros. Los hombros morenos que adelgazan por minutos, piedra y viento,
Las alfombras han desaparecido, y sitúa las plantas de los pies contra el frio.
La clave: no centrarse en un olor concreto, recorrerse los perfiles e investigar el tipo de caricia. Revolverse como un camaleon al descubierto.
Arcilla impregnando la voz, resuelta y húmeda llena de barro la página en blanco, la última y ya no más. Raparse y mesarse el poco cabello solo sirve para agudizar lo pequeño, estirar los brazos, y salir, volar cometa reina relinchando altura, naranja y roja, redonda como el dibujo de una sonrisa por un compás, rodeando la vesícula, recomponiendo teclas.
Compró un pijama de campanilla y le faltó tiempo para echarse a llorar, contra todo pronóstico. Recula en Frida Kahlo y le sigue fascinando ese nombre, esa imagen, como si de un autorretrato se tratara, un autorretrato del sufrimiento circular, el que erosiona los hombros. Los hombros morenos que adelgazan por minutos, piedra y viento,
Las alfombras han desaparecido, y sitúa las plantas de los pies contra el frio.
La clave: no centrarse en un olor concreto, recorrerse los perfiles e investigar el tipo de caricia. Revolverse como un camaleon al descubierto.
Arcilla impregnando la voz, resuelta y húmeda llena de barro la página en blanco, la última y ya no más. Raparse y mesarse el poco cabello solo sirve para agudizar lo pequeño, estirar los brazos, y salir, volar cometa reina relinchando altura, naranja y roja, redonda como el dibujo de una sonrisa por un compás, rodeando la vesícula, recomponiendo teclas.
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