Te tumbas de costado y mi almohada. Me dejo caer sobre el borde de la cama y te miro que miras mi reflejo y no lo sabes, entornas los ojos, humedezco con la lengua mi dedo anular y la cremallera baja. Te miro en el reflejo y me miras. Escondes la sonrisa en el cubre que dobla tu lienzo bajo su mejilla y suspiras, hago como que no te escucho, hago como que siempre ha sido, hago que me he sacado las botas sola. Te miro de soslayo e insinúo un detalle de dolor al girar la cabeza y preguntarte. Te pregunto no sé qué cosa y me desdibujo de frente otra vez, te regalo la sombra de mi tronco, y te huyo de cara. Retiro el cansancio de una manera no disimulada y acaricio varias formas de cadera. Te miro en el reflejo de la ventana y no sabes que lo hago, y miras y sonríes y me intuyes y me dejas en pausa. Descubro mi espalda y sacudo la cabeza entonando la columna con intencionalidad.
El mentón se tiñe de orgullo y no lo has visto.
lunes 26 de octubre de 2009
martes 20 de octubre de 2009
Evocación y Silvio
Siempre Silvio siempre Silvio,
y aquel pasillo con forma de T,
demasiado estrecho,
demasiado húmedo,
al fondo la habitación azul.
El suelo brilla por el reflejo del alógeno
y la habitación azul.
El escritorio blanco,
una butaca de despacho de piel negra daba de mamar.
Silvio Silvio siempre Silvio,
aquel pasillo aquel,
aquellas voces del televisor al fondo,
ruidos de juguete, algún niño,
y aquella esquina aquella estufa con un calcetín,
y la habitación al fondo,
el escritorio,
la víscera a punto de caer,
aquel crepúsculo dominante
aquel retrato aquel,
aquel retrato azul de la montaña aquel.
y aquel pasillo con forma de T,
demasiado estrecho,
demasiado húmedo,
al fondo la habitación azul.
El suelo brilla por el reflejo del alógeno
y la habitación azul.
El escritorio blanco,
una butaca de despacho de piel negra daba de mamar.
Silvio Silvio siempre Silvio,
aquel pasillo aquel,
aquellas voces del televisor al fondo,
ruidos de juguete, algún niño,
y aquella esquina aquella estufa con un calcetín,
y la habitación al fondo,
el escritorio,
la víscera a punto de caer,
aquel crepúsculo dominante
aquel retrato aquel,
aquel retrato azul de la montaña aquel.
martes 6 de octubre de 2009
Preguntas
Para Lore
Qué te voy a decir
que tú no sepas.
Te plantas ante mí
absorta en los entumecimientos de tu mente,
sonríe el sudor sobre el labio,
lanzas tus flechas, colores despeinados,
singular apatía y sonrío,
¿qué te voy a decir?
que entre tanto cacareo me vuelvo ceniza,
que abortas el desamparo nocturno que me envuelve,
la sinrazón de mi crónico insomnio,
la estrechez de mis temores,
¿qué te voy a decir?,
que me desmiembro en los lugares ciegos que miras de manera inteligente,
que recuento un inventario de dolores cuando la luz se va.
Qué te voy a decir
que tú no sepas
poseedora del cáliz,
sabia dormida desarrollando pieles.
Qué te voy a decir
que tú no sepas.
Te plantas ante mí
absorta en los entumecimientos de tu mente,
sonríe el sudor sobre el labio,
lanzas tus flechas, colores despeinados,
singular apatía y sonrío,
¿qué te voy a decir?
que entre tanto cacareo me vuelvo ceniza,
que abortas el desamparo nocturno que me envuelve,
la sinrazón de mi crónico insomnio,
la estrechez de mis temores,
¿qué te voy a decir?,
que me desmiembro en los lugares ciegos que miras de manera inteligente,
que recuento un inventario de dolores cuando la luz se va.
Qué te voy a decir
que tú no sepas
poseedora del cáliz,
sabia dormida desarrollando pieles.
domingo 4 de octubre de 2009
Evolución de domingo
Salvamos un domingo al descubierto,
la lucha de monstruos,
una larga cabellera de reloj,
trepamos por los muros,
fantasmas,
sacamos las espadas para herir de muerte al prójimo,
tocan las teclas del piano sobre mi frente,
cerciorarnos de que sufre.
Salvamos la tarde a un domingo sin alas,
al papagayo de piel lisa que nos revuelve las tripas,
torcemos el gesto, acribillamos mosquitos con las pestañas,
hemos relamido el poco tabaco,
la casa suda,
robamos las cerillas de los estancos para quemar.
la lucha de monstruos,
una larga cabellera de reloj,
trepamos por los muros,
fantasmas,
sacamos las espadas para herir de muerte al prójimo,
tocan las teclas del piano sobre mi frente,
cerciorarnos de que sufre.
Salvamos la tarde a un domingo sin alas,
al papagayo de piel lisa que nos revuelve las tripas,
torcemos el gesto, acribillamos mosquitos con las pestañas,
hemos relamido el poco tabaco,
la casa suda,
robamos las cerillas de los estancos para quemar.
lunes 28 de septiembre de 2009
Te observé mientras te ibas
Caminas solo, gobernante de silencios, titubeas en las distancias cortas y en los pedazos de aquel océano por salvar, en las ramas de aquel paraíso que latía mientras el mundo rodó. Y ya no. Todo es horizontal mientras caminas, solo, recreas en tu cabeza flores que se fuman en almíbar, masticas vértigos, tecleas pasos sobre pasos sobre verde hierba, sueños de niño asmático asfixiando un beso transparente de sirena.
Caminas solo, radiante en tu negritud de huella, y unos ojos en el fondo de tu cráneo torpedean diapositivas, de color azul, de color rojo y azul de sal, y tu sombra se va, invadiendo las espaldas, y retumban en la antesala de tu pecho los tambores de un hechizo, y caminas, y en la mano un corazón moribundo, gotas de sangre sobre botas de hombre que camina solo.
Caminas solo, radiante en tu negritud de huella, y unos ojos en el fondo de tu cráneo torpedean diapositivas, de color azul, de color rojo y azul de sal, y tu sombra se va, invadiendo las espaldas, y retumban en la antesala de tu pecho los tambores de un hechizo, y caminas, y en la mano un corazón moribundo, gotas de sangre sobre botas de hombre que camina solo.
martes 15 de septiembre de 2009
Tarde de martes
Hoy es martes, parece jueves, la semana está siendo tan larga.
Me acuerdo, y a menudo intenso, de esas brujas de colores que me lanzan cuerdas desde sus guaridas.
miércoles 2 de septiembre de 2009
Septiembre

El mes de septiembre amanece derretido sobre el verano. La ciudad se ha inundado de motores y el calor acobarda hasta a las ratas de la Gran Vía. Loredhi siente temor a lo que se avecina. Una semana antes el asfalto iba y venía con personas solitarias, familias insultantemente unidas comprando libros de texto, apurando las sudadas chanclas y las camisetas sin mangas... ancianos con cartillas de la seguridad social cruzando las calles solos, estudiantes con barba y cara de esos diablos que no duermen.... Pero hoy ya es septiembre, y las personas ya no caminan tan solas, se han multiplicado, y las familias se tambalean, y los ancianos cruzan el paso de cebra con miedo, algunos estudiantes se han afeitado hasta las ideas. Siguen las odiosas canciones en el hilo musical de aquella tienda, las mismas noticias estúpidas en internet, los coleccionables de naturaleza imposible, el ruido. Comienza el tráfico de borregos.
Esta ciudad es para los moribundos, sólo salva su dignidad a la luz de las farolas de la noche. Loredhi entonces vaga por las avenidas e intenta sonreír, y levanta la cabeza... le duele todavía tanto el cuello...
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