viernes, 5 de febrero de 2010

A dos pasos

A dos pasos del punto donde tiene que empezar a cruzar.

Loredhi lleva una semana con ese silencio espeso metido entre los tímpanos. Esa lengua de vaca empapando los charcos, los coches, los gatos que se esconden tras un maullido, los grafittis de una gárgola, esa lengua empapando cráneos, que retumban en el suelo. Loredhi vuelve al espectador de piezas de cine mudo, a color y en tiempo real, vuelve al frío metálico en la punta de sus venas.

Loredhi frunce el ceño a dos pasos del cruce y mira fijamente al punto donde la imagen se diluye. Juega como cuando era pequeña a dilatar sus pupilas de una manera voluntaria, vuelve a desenfocar todo, a enfocar nada. Afina sus oídos imperfectos y sigue sin escuchar, silencio espeso, tacones metálicos sobre el plato de una ducha en el bar.

Loredhi se niega a aceptar esa mudez contranatura y acelera el motor de su coche. Resuelve el estado de semiinconsciencia tranquila y rompe el cinturón de seguridad. Loredhi respira. Se sitúa a tan solo dos pasos y mira hacia al cielo granate buscando un vuelo que altere el estatismo circular de una ciudad que se disfraza de vulnerable.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Diez bajo cero

Los diálogos se situan en la mente de loredhi a lo largo de un pasillo corrido de vagón de tren, a oscuras. Los dialogos se situan en blanco y negro sobre el hemisferio derecho de un animal que camina sobre ruedas. En blanco y negro, los diálogos salpican humo tras los cristales, diez grados bajo cero, lapidarios dragones de metal en el origen. Los diálogos transcurren.

viernes, 25 de diciembre de 2009

Rodaje

Las imágenes siguen rodando y Loredhi tose la angustia de sus pulmones. Una vena ancha y rojiza expande el aire que entra quebradizo por la tráquea. Loredhi emulsiona restos de memoria por la piel cuando está dormida y convierte a la noche en enfermedad mortal. Cuando despierta, Loredhi descorcha el jolgorio reinventado para brindar, solo eso, para brindar con los bufones mentiras mientras ella camina derecha hacia un punto azul oscuro dibujado en el limbo.
Loredhi ya no habla, lee del revés el sentido de las palabras y eterniza su ensoñación, cabalga con caballo de cartón piedra, y estira las piernas fuerte, ruda disconforme en sus maneras de animal. Loredhi se desconoce, Loredhi se niega cuando el demonio toca el arpa con sus costillas. Loredhi obtusa.

lunes, 26 de octubre de 2009

De costado

Te tumbas de costado y mi almohada. Me dejo caer sobre el borde de la cama y te miro que miras mi reflejo y no lo sabes, entornas los ojos, humedezco con la lengua mi dedo anular y la cremallera baja. Te miro en el reflejo y me miras. Escondes la sonrisa en el cubre que dobla tu lienzo bajo su mejilla y suspiras, hago como que no te escucho, hago como que siempre ha sido, hago que me he sacado las botas sola. Te miro de soslayo e insinúo un detalle de dolor al girar la cabeza y preguntarte. Te pregunto no sé qué cosa y me desdibujo de frente otra vez, te regalo la sombra de mi tronco, y te huyo de cara. Retiro el cansancio de una manera no disimulada y acaricio varias formas de cadera. Te miro en el reflejo de la ventana y no sabes que lo hago, y miras y sonríes y me intuyes y me dejas en pausa. Descubro mi espalda y sacudo la cabeza entonando la columna con intencionalidad.

El mentón se tiñe de orgullo y no lo has visto.

martes, 20 de octubre de 2009

Evocación y Silvio

Siempre Silvio siempre Silvio,
y aquel pasillo con forma de T,
demasiado estrecho,
demasiado húmedo,
al fondo la habitación azul.

El suelo brilla por el reflejo del alógeno
y la habitación azul.

El escritorio blanco,
una butaca de despacho de piel negra daba de mamar.

Silvio Silvio siempre Silvio,
aquel pasillo aquel,
aquellas voces del televisor al fondo,
ruidos de juguete, algún niño,
y aquella esquina aquella estufa con un calcetín,
y la habitación al fondo,
el escritorio,
la víscera a punto de caer,
aquel crepúsculo dominante
aquel retrato aquel,
aquel retrato azul de la montaña aquel.

martes, 6 de octubre de 2009

Preguntas

Para Lore

Qué te voy a decir
que tú no sepas.

Te plantas ante mí
absorta en los entumecimientos de tu mente,
sonríe el sudor sobre el labio,
lanzas tus flechas, colores despeinados,
singular apatía y sonrío,
¿qué te voy a decir?
que entre tanto cacareo me vuelvo ceniza,
que abortas el desamparo nocturno que me envuelve,
la sinrazón de mi crónico insomnio,
la estrechez de mis temores,
¿qué te voy a decir?,
que me desmiembro en los lugares ciegos que miras de manera inteligente,
que recuento un inventario de dolores cuando la luz se va.

Qué te voy a decir
que tú no sepas
poseedora del cáliz,
sabia dormida desarrollando pieles.

domingo, 4 de octubre de 2009

Evolución de domingo

Salvamos un domingo al descubierto,
la lucha de monstruos,
una larga cabellera de reloj,
trepamos por los muros,
fantasmas,
sacamos las espadas para herir de muerte al prójimo,
tocan las teclas del piano sobre mi frente,
cerciorarnos de que sufre.
Salvamos la tarde a un domingo sin alas,
al papagayo de piel lisa que nos revuelve las tripas,
torcemos el gesto, acribillamos mosquitos con las pestañas,
hemos relamido el poco tabaco,
la casa suda,
robamos las cerillas de los estancos para quemar.