lunes, 11 de febrero de 2008

Loredhi y las fechas

Loredhi odia odiar, pero algunas veces no puede evitarlo.

Se acerca el día de San Valentín, y Loredhi ya ha visto corazones rojos con cintas del mismo color adornando los escaparates. A Loredhi le parece bien que un santo se llame Valentín, aunque no le gusta el nombre, pero lo que le fastidia hasta el grado extremo es que se nos quiera meter con calzador y por detrás el amor.

Loredhi conoce muchos corazones pero más bien rotos. Además se los imagina granates y morados y asquerosos, y no rojos y de terciopelo, y le parece patético que nos movamos como marionetas al ritmo de las fechas. Porque al final, ¿qué queda?, una descripción, un código, una foto... y la posibilidad de tapar con un corazón rojo la mierda. Nada más que eso.

Y lo que más odia odiar Loredhi es saber que ella, en el fondo, fijo que es del club de las marionetas.

viernes, 8 de febrero de 2008

Vuelo

"... sueña que un hombre de lejos
de cerca te besa..." Paloma Ángel

Ha volado una gaviota
sobre la azotea salpicada de sol,
ha volado esta tarde una gaviota luz
dos alas sumergiendo el azul en la memoria
de las sienes mudas,
ha volado el ala de gaviota entre cal
blancas alas rotas sobre techo agónico
de labios esperando al hombre
que de lejos de cerca besa.

Ha volado la gaviota en sueños
y una azotea salpicada de sol,
la estampida de murciélagos ha volado hoy
sobre una frente de mujer dormida.

lunes, 4 de febrero de 2008

Del grupo Normal

Loredhi nunca tuvo anécdotas demasiado interesantes para contar, ni destacó en la clase por popular, ni por líder ni por nada, solamente un poco por dar por el saco a alguna profesora en particular. Loredhi no fue la atrevida ni la estudiosa, ni tampoco la guapa ni la alta ni la buena deportista. A Loredhi le daba tremenda vergüenza cantar sin soledad y recuerda que le pusieron unas gafas terribles en quinto de básica que muy pronto perdió adrede para no tenerlas que llevar.

La vida de Loredhi podría clasificarse como que fue del grupo Normal.

Loredhi se crió entre chicos y también entre mujeres mayores, por eso entiende más o menos a los hombres y por eso le dan pena las señoras de más de cincuenta. Loredhi odiaba el color rosa, los diminutivos, las niñas rubias, los lazos, cualquier tipo de vestido y los calzados que no fueran deportivos. Pedía muñecas sólo por fastidiar, y después las abandonaba en un rincón y olvidaba vestirlas de nuevo o pasarles el cepillo por aquel pelo tan raro.

Loredhi fue cuidadosa hasta que comprobó la poca utilidad del orden, fue soñadora hasta que comenzó el insomnio, estudió música hasta que se aburrió de la constancia y deseó tener un perro hasta que se independizó.

Loredhi siempre fue una tímida disimulada y una aspirante a eterna vagabunda, a caminar mirando al suelo por el camino de tierra y a patear las piedras una por una, respirando muy hondo y soplando hacia los ojos para no tener nunca que mostrar a nadie que sabe llorar. Porque eso es de diminutivos, de vestidos, de lazo y de niña. Y Loredhi siempre quiso ser todo menos eso.

sábado, 2 de febrero de 2008

Paralelo

Y no es que camine en paralelo a algo, es que su andar es paralelo.
Paralelo y hacia el fondo.

Loredhi sale de rebajas para no comprar, discurre entre la risa floja y el infierno durante varios momentos del día, no sabe calcular el número de frío que ha pasado hoy y cuánto hace que vio la última película más emocionante.

Loredhi trabaja en un frenopático del centro de la ciudad y come un plátano al día, por el magnesio, odia los pelos cardados y el maquillaje de madre de comunión. Usa dos animales domésticos, un periquito de ascendencia madrileño y enamorado de sí mismo y una ratona autista, ambos solteros, Loredhi les pone su ración de comida diaria y mientras lo hace se debate entre el cariño y la pereza que le dan.

Loredhi sigue teniendo unas zapatillas verdes con letras rojas y ganas de caminar, de caminar aunque sea en paralelo.

jueves, 31 de enero de 2008

Ceguera

Hay cadenas que no son hierro
que son sangre y vísceras, unión de dos arterias
en el punto donde el estómago se hace hambre.
Hay cadenas que son lazos sin cierre
sin el óxido helado de una cavidad,
que son nudos sofocantes arañando esófagos lava
y venas manos
y dedos entrelazados ahogando espíritus
en el despertar y un catre.
Hay cadenas que son tramas oscuras
haciendo y deshaciendo trajes de moribundos
en el preludio del cansancio,
que relamen la próxima gota de sal
y suben por la garganta retando la voluntad del maldito
hasta alcanzar la boca...

... Y ahora sí hay hierro en la mirada
óxido en la punta de la frente,
y enloqueciendo de rabia
en afán de querer respirar aletea
y llega el torrente de agua salada y caen,
caen lágrimas sobre cadenas... ceguera de un animal.

jueves, 24 de enero de 2008

Otra cara y belleza

Vuelve a reinventarse un día en una misma ciudad y vuelve una mujer distinta. Esta vez quizá más bella.

No se arregló ni se pintó más de lo poco normal, no sonríe frente al espejo por la mañana ni a media tarde, no canta, no propone cosas distintas no innova, y se sigue sin considerar original... sólo ha llorado, y eso siempre despeja el fondo de unos ojos. Eso para quien lo sabe ver.

Camina la mujer por las aceras de una ciudad que hoy vuelve a parecerle ajena, que hoy le pesa, que daría lo que fuera por desintegrar de la faz de la tierra un par de horas, no más. Lo suficiente para añorarla, para llegar a querer moverse cómoda por sus calles otra vez. Y las personas pasan, y se cruzan con ella, todos fantasmas a la orden de un semáforo, y encuentra en eso lo único en común con el resto. Ni siquiera tener dos piernas con dos pies, prenderse un cigarro apresurado o subirse el cuello de un abrigo pendiente de cepillar, ni siquiera poner una pisada detrás de la otra, ni siquiera eso es semejante hoy. Sólo es el luminoso de un hombrecito verde o rojo lo que le une a ellos. Parar o andar. Ser obedientes, claro está.

La espalda pesa más hoy, y vuelve el esfuerzo de una adolescente por mantenerla erguida, y parecer más recta, más alta, más segura, más ausente de esa larga lista de complejos disimulados con el esfuerzo de una actriz en pleno apogeo. Y se da cuenta de que solos han ido cayendo uno a uno los jodidos complejos. Y reconoce que en la realidad le repatearía en el alma lucir unos dientes perfectos, una nariz mínimamente recta, unas uñas algo femeninas, decir siempre la verdad, y cruzar por la calle sintiendo que los demás son sus amigos.

Quedémonos con eso. Mira hacia el fondo de sus ojos y dile que está bella, más bella de lo normal. Creo que será suficiente para que sonría... aunque sea de mentira.

miércoles, 23 de enero de 2008

Catarsis

Al fin has salido de la quemazón y de esas piedras al rojo vivo que hervían en el centro de tu cabeza. Al fin.

Al fin respiras, aunque sea a trompicones, a aullidos, a bocanadas nocturnas de aire y fría luna escondida tras toneladas de basura urbana. Al fin.

Al fin emergen pecho y cabeza hundidos en piedras premonitorias de carne y papeles de caramelos arrastrados por las huellas de una vieja. Al fin tomas un cigarro y aspiras su veneno con conciencia de una muerte... Pero no es aquello, no es una cabeza y no es un pecho, no es una garganta llena de rocas rojas que desgranan puras lágrimas de tu frente a las cinco de la mañana...