martes, 21 de noviembre de 2006

Ellas

Es difícil tratar de describir esa mesa. Mucha gente alrededor, pocas palabras para recordar, y ellas allí, sentadas, reunidas en una especie de ritual mágico, que no hace otra cosa que hablar de sus vidas.

Las cervezas se beben solas, las palabras se estrellan unas contra otras, ruidosamente, en una danza caótica y rítmica al mismo tiempo, difícil de entender si no se está ya dentro. Es la danza de sus vidas.

Mis pequeñas reuniones con ellas, arañadas de cada minuto de la vida ocupado, implican un pequeño viaje a un paraje festivo en el que todo se escucha, todo se habla, todo se dice.

El camarero nos mira con una extrañeza divertida. ¿Otra? Sí, otra. Y los ojos se vuelven para buscar, para seguir contando. Sonia y su risa sonora, movida, sus colores, María buscando a esa sabia que ella lleva para regalarnos una de sus frases, mi Hellen, mujer de una pieza, optimista, luchadora, y yo, yo pidiendo una penúltima más....

Me gustaría poder descifrar el cúmulo de sensaciones que se nos agolpan en cada reunión, el estallido de sinceridad que nos hace a todas mirarnos risueñas, aunque una esté triste, otra rara y tú no sé. Me gustaría poder descifrar el enigma que me une a vosotras, el hechizo que provoca una nube de vapor vital que se desborda sobre esa mesa en la que hoy unas mujeres se hacen niñas.Y allí las cuatro, juntas, disfrazándonos de muchas cosas, queremos deshacer hasta el último tapiz de caminos por recorrer, allí mismo, en esa mesa, comiéndonos la vida a carcajadas.

Las cervezas se beben solas, los ceniceros hacen juegos malabares para no perder su contenido, y nuestros ojos, y nuestras risas, acompañando el momento.

Y al final, cuando el reloj nos recuerda que somos, a regañadientes, desenredamos esa madeja juguetona en la que nos hemos perdido y nos despedimos, siempre pensando que vamos a volver, siempre vistiendo otros cuerpos.

2 comentarios:

Uncle dijo...

Sólo hay una verdad sobre los bares: Siempre, Siempre se vuelve. Cheers!!

Evita dijo...

Son los pequeños refugios que encontramos en el camino, sin relojes porque el tiempo se mide en penultimas, sin lugar definido porque alli te pilla el todo.