viernes, 17 de noviembre de 2006

Huida

Como cada mañana, entro en la oficina con la cabeza desordenada y unos minutos de más a mis espaldas. Buenos días, buenos días. Miradas esquivas que no me interesa conocer.

Una vez sentada, miro mi mesa. Todo está aquí, exactamente igual a como lo dejé ayer, nada se ha movido. Y yo continuamente planeando sobre el tiempo, deletreando cada instante, cada segundo, como cada palabra. Y la mesa, mi mesa hoy, igual y aquí.

Comienzo a pensar en el movimiento, en lo frágil que puede llegar a ser el movimiento, en lo voluble. En lo difícil de identificar a veces. De pronto una mano comienza a girar unas gafas sobre mi mesa. Hay unas gafas en movimiento sobre una mesa inmóvil desde ayer, y desde mucho antes de ayer. Bajo mi mano seca y detengo el movimiento, las gafas dejan de girar, algo me molestaba.

De repente viene una imagen, una sensación, es un segundo. Es ella. Hoy he soñado con ella. Siempre que jugueteaba con sus gafas sobre la mesa camilla ella las paraba con la mano firme. Me miraba fijamente a los ojos y las hacía dejar de girar. Algo le molestaba.

Hoy he soñado con ella, pero lo único que recuerdo del sueño son sus manos y sus palabras.

Olvido lo que me rodea y comienzo a acariciar con mi pensamiento su suave piel arrugada. Son sus manos de papel. Regodeándome en su tacto, tan fino que parece deshacerse entre mis dedos, evoco su figura menuda y encorvada, su butaca verde, sus ojos maduros y su voz. Esa voz que durante un tiempo era mía, pero que ya estaba comenzando a olvidar. Sé que me habló de un pájaro, de una jaula, de un abrir ventanas, de la libertad...de la libertad ¿de quién?..¿de ella?, ¿de él?, ¿de la mía?....¿de quién?...Sólo sé que me habló de la libertad.

Detengo mis pensamientos. Me voy. Recojo alguna cosa y me voy. Salgo a la calle y comienzo a caminar rápido, más rápido de lo normal. El aire frío congela mis mejillas y eso me gusta. La gente vuelve a parecerme extraña, pero ya no me importa, muchas cosas ahora ya me dan igual.

Me voy, camino rápido y mis manos en los bolsillos se están llenando de palabras, empuño fuertemente para no dejarlas escapar, mis bolsillos se llenan de libertad y parece que van a reventar.

Camino rápido, más rápido de lo normal, las manos llenas en los bolsillos y la gente que hoy ya me da igual. Miro hacia el suelo y veo mis botas sucias, parecen más grandes, no mías, parecen de hombre. No me importa, me gustan, caminan deprisa y me gustan. Me las llevaré. Sí, me las llevaré.

Me voy, me voy hoy y me lo llevo todo, mis botas grandes que caminan más, mis palabras apretadas que quieren salir ya, mis bolsillos llenos que van a estallar, las gafas que han dejado de girar, mi sueño, el tacto de sus manos de papel, su piel...

Me voy, me lo llevo todo. Me voy en tren.

2 comentarios:

H. dijo...

Bueno voy a ser la primera en comentarte que... estas hecha toda una informaticus.
Huida si!, pero adonde?, montatelo para huir en el puente mangus tu mangus a donde quieras, yo incluyo toletatum en el pack, tu pones el destino.
Besos.Hellen.

Edmundo Mantel dijo...

Sra. Loredhi;

Preciosa huida. Esa huida está escrita desde un lugar muy profundo de su ser; eso es claramente perceptible, cuando no se escribe a lo loco (como hacemos otros), sino que se escribe con el alma. Entiendo esta huida suya como una puerta que abre Usted en su vida. No la cierre o, mejor, ¡ciérrela pero quédese por fuera!. La felicito por ello, y le deseo que consiga paz en esa libertad. Y aún más: ilusión, porque con esa huida ha entrado Usted en el mundo de la ilusión.

Créaselo o no, pero este relato me recuerda a otro que a mí, sin saberlo, me salió también del alma hace muchos años. Había alguien que corría y había un tren. Pero no era tan optimista como su huida.

Perfectos Saludos.