lunes, 25 de diciembre de 2006

Libretas

Una vida llena de libretas, papeles grabando mi vida.
Libretas, libretitas, papeles siempre papeles,
bolígrafos sin tapa, lápices estilográficos, esqueletos de colores,
esquinas de hojas dobladas, papeles dentro de papeles.

Siempre he llevado una libreta a cuestas, no sé decir cuántas he tenido,
pero creo que sólo he terminado una. Siempre tan constante yo.

La primera fue una libreta de gusanillo tamaño cuartilla, tenía las tapas de cartón duro verdes. Si mi memoria no me falla escribí en ella tres textos. Perdidos entre las demás hojas en blanco, había que buscar bien para encontrarlos.
El primero describía un encuentro amoroso, era muy romántico, con lluvia, miradas,
y un beso del tipo Jo, la hermana escritora de Mujercitas, con aquel hombre del que se enamora. Aquello era amor verdadero, pensaba yo. Recuerdo que al releerlo me resultaba muy cursi y me daba vergüenza, pero me gustaba.
Un segundo describía algo de una granja me parece, una familia en una granja o algo así, era muy corto.
El tercero hablaba de la muerte, era como un testamento vital de una persona que sabía que su fin era inmediato.

Teniendo en cuenta que no debería tener más de once o doce años, con este tercer relato la cosa ya comenzaba a pintar rara…ejem… Lo siento por los psicólogos-come-bolas, conmigo llegaron tarde.

Como en mi casa siempre había mucha gente y por vergüenza a que alguien descubriera mi pasión por la letra, en el título de cada texto coloqué una indicación de página, así: pag.128, pag. 34….de este modo, pensaba yo, quien lo encuentre creerá que está copiado de algún sitio, y no descubrirá que he sido yo....

Ay... me parte el alma este tipo de ingenuidad, me parte pensar que fue real, a veces siento que aquello era otra vida.

Más adelante tuve fijación por unas libretas sin gusanillo, con el lomo tipo piel y cuadrícula por dentro, rellené una seguro y dejé a medias al menos tres. Iba a comprarlas a un lugar concreto, y si no era en aquel tipo de libreta no me salía escribir.

Vuelta a la ingenuidad, esta vez bien torpe ya: da lo mismo dónde se escriba, lo importante es decidirse a sacar letra por letra lo que hierve en el corazón. Y cada decisión no es fácil, aviso.

3 comentarios:

Camelia dijo...

Es un alivio saber que no soy la única que acumula libretas pero casi nunca las termina...
Un día dejé de coleccionarlas, y para compensar esa pérdida empecé a buscar frenéticamente 'el momento perfeccto para escribir'. Viene a ser lo mismo, nunca se termina. Quizás en este caso sea buena señal. Aunque, paradójicamente, se acaba convirtiendo en un hábito que de vez en cuando se aparece por sorpresa.

Loredhi dijo...

Sí, pero esa aparición sorpresa se convierte en fantasma de papel en blanco si no la capturas y la haces tuya ¿no crees?

Camelia dijo...

Absolutamente. Los fantasmas son los que nos impulsan a escribir y son también, paradójicamente, el resultado final si no lo hacemos.