domingo, 11 de febrero de 2007

De tontos

Mi ciudad es un tablero de juego que ilumina algunas casillas al caer la noche.

Mi ciudad de noche es otra que mi ciudad de día. Se encienden los comercios saliendo de su anonimato diurno. Las esquinas dan al frío nocturno un calor generoso con abrazos eléctricos amarillos. Coinciden mis pasos con los de gente que camina deprisa con ropas caras, y caras de prisas. Un escaparate bonito, voces, pasos, brillos, zancada, una galería de arte de puertas grandes y alfombra interminable y dos hombres solos al fondo, y sentados en butacas sin hablar. Los cuadros son bonitos, su apatía no. Los barrenderos faenan ajenos a la vida que pasa rozando sus mejillas. Se abstraen del mundo y consiguen desaparecer bajo sus enormes trajes naranjas. Me dan envidia. A veces noto que me mira la gente y me da rabia. Pienso que me pondría un traje naranja para pasar desapercibida. También que quizá hoy haga una cara rara. O pienso que soy yo que los miro. No sé. Un tipo con un pelo muy afro y gafas y cara de profesor chiflado pasa por mi lado y me consuela mirarlo. Éste está peor. Consuelo de tontos.

7 comentarios:

Edmundo Mantel dijo...

Sra. Loredhi;

Pruebe Usted a ponerse el traje naranja. Si entonces no la miran, será que algo va bien en esa ciudad.

Perfectos Saludos.

Loredhi dijo...

Lo pensaré largamente

Camelia dijo...

Novelar una ciudad... ritmo interno muy apropiado.

David dijo...

Y la experiéncia, ¿qué?

ahhh dijo...

Si notas que la gente te mira es porque tú miras a la gente.
La mirada es curiosa por naturaleza, no le matemos el instinto.

David del Hierro dijo...

somos pájaros!

Loredhi dijo...

Sr. David a secas, ¿qué?...