miércoles, 7 de febrero de 2007

Solo (relato)

Camina por las grandes avenidas desiertas buscando algo. Son las seis de la mañana, hora mágica en la que la luz no crea sombras. Es un hombre que busca algo por las papeleras de una ciudad todavía dormida.

Se ha levantado a las cinco y media, y tras colocar en la mesilla de noche, en un nuevo orden de un nuevo día, sus figuritas de perros de porcelana unidos por un cordel, levanta su enorme cuerpo para vestirse y salir. Los perrillos, colocados uno al lado del otro, muestran con vergüenza su descascarillado calzado.

Se pone una camiseta gris raída de puro sucio que ciñe sin piedad los pliegues de su desmesurada barriga. Tres botones abiertos dejan adivinar un pecho imberbe. Los pantalones caídos se fruncen con un cinturón de esparto del color del chocolate. Unas sandalias de piel amplias recogen sus pies blancos, blandos y blancos pies y llenos de venas de niño, que contrastan su color con el de las uñas irreconocibles y oscuras.

Una vez vestido entra en la minúscula cocina que parece estar hecha para sólo albergarle a él, y rebusca entre briks vacíos y posos su taza de loza blanca, blanca con una inscripción dorada que apenas se puede leer. La llena de leche y de un sorbo descuidado vacía la taza, relamiendo mientras se va las gotas que todavía penden de su bigote.

Son las seis de la mañana de un domingo de enero, y un hombre sin sombra camina por las avenidas todavía dormidas buscando algo.

3 comentarios:

David del Hierro dijo...

Ignatius Reilly tal vez?

ahhh dijo...

...un hombre solo que sólo busca su lugar en el mundo.

Loredhi dijo...

Tal vez