jueves, 15 de febrero de 2007

Pobres palomas

Son las tres y diez del mediodía y camino apresurada, apurando un pitillo callejero, porque siempre llego tarde. Da igual cómo lo haga, pero siempre llego tarde. Poco, pero tarde. Hace una temperatura cálida. Busco mis gafas de sol que siempre que necesito no encuentro, y, como es obvio, no las encuentro. Me fastidio, achino los ojos y sigo caminando.

Voy a comer a la casa-tienda que tiene una amiga cerca de donde trabajo. Pero hoy no voy a hablar de la comida en la casa-tienda de mi amiga, que eso merece mención aparte, hoy voy a hablar de su vecina. Llego al patio y está cerrado, aporreo un poco la persiana metálica de su tienda y espero. Hace sol. Mi amiga no está cerrada por reformas pero cuando va a comer baja la persiana de su tienda, como es normal, y yo tengo que esperar a que ella vea a través de los agujeros metálicos mi silueta rondando nerviosa y con más hambre que un lobo. Espero, pongo mi cara al sol y respiro, cierro los ojos, de pronto los abro y veo dos palomas a un metro y medio de mis pies, me acuerdo de ayer que escribí algo sobre el día de la paloma muerta y me río... qué pobres... De pronto un ruido en la gruesa puerta de madera del patio, mi amiga, pienso. Veo un brazo enfundado en un batín del color azul eléctrico y doy un respingo. Ya le vale a mi amiga, pienso, tampoco hace tanto frío para ese batín. Se asoma un bastón y después una viejeta en forma de vecina de mi amiga. Le ayudo a salir. Lleva una mano apretaica apretaica, llena de alpiste. Va murmurando cosas. ¿Es para las palomas? le pregunto. Me mira traviesa con ojillos chiquitos, y entredientes dice, sí es que me dan pena, son animales, pero si me ven los vecinos... me riñen... Y en cuestión de milésimas de segundo desaparece el pienso apretaico de su mano. Toda una profesional en el asunto, ni una marca, cero huellas, rostro inmutable, ni un brillo en su mirada que delate su acto, nada,.... una profesional. Le ayudo a entrar. Es que me dan pena los animales, por feos que sean.... Pobres palomas, pienso, les acaba de llamar feas. Le acompaño hasta su puerta enfrente de la de mi amiga y me dan ganas de meterme en su casa a ver la tele con ella y cabecear en su sillón de al lado.

P.D. Tengo que contar que una hora más tarde me entero de que mi amiga es una de las brujas vecinas que con su escoba barren el alpiste de la acera y asustan a las palomas dando taconazos al suelo. Es más, intuyo que ella es la cabecilla. Ya le vale.

8 comentarios:

Evita. dijo...

Nunca he entendido por qué molestamos tanto a las de los tacones y escobas, pero en cada patio queda una hada con batín...siempre quedan manos apretaicas para darnos un puñado se alpiste.

Loredhi dijo...

Querida Evita, te leo más calmada, lo cual me alegra. Como siempre, debe haber de todo en esta vida, brujas con tacón y escoba como mi amiga y sus compinches (da la cara, si te atreves...)y viejos batines azul eléctrico con alpiste en los bolsillos. Sinceramente yo no sé a qué grupo pertenezco porque desde que me dijeron que las palomas eran ratas voladoras me dan grima.

Evita dijo...

Me decanto por Sra. de Perez con capacidad de vuelo, por muy fea que pueda parecer.

Loredhi dijo...

Evita, es de sobra por mí conocido tu afán de mimetismo con la Ratona Pérez; sé de buena tinta que por las noches recorres con tu moto las calles de la ciudad en busca de regalos para niños recién desdentados. Pero de ahí a querer ser rata voladora hay un trecho... Por cierto ¿quieres un poquito de alpiste?...

Edmundo Mantel dijo...

Sra. Loredhi;

Permítame que le diga que su amiga debe de ser uno de los seres más insensibles que habitan en su ciudad. Intuyo que no sólo barrerá la acera y ahuyentará a las pobres y limpias criaturas aladas, sino que además será de las que se dedican, en un acto de crueldad insuperable, a limpiar de cagadas de paloma el frente de su casa-tienda.

Gracias a probas viejecitas como esa del batín, la colonia de palomas que tanto cuida de nuestros monumentos y salubridad pública, está a salvo. Debemos darle un reconocimiento a la viejita. Una muerte indolora y un posterior entierro digno me parece apropiado.

Por otra parte, pienso que lo mejor que hizo Usted fue no ir a la casa de la señora, porque seguro que tendría que ocuparse de una gigantesca manada de gatos.

Me quedo con la duda: ¿Al final comió Usted en la casa-tienda de su amiga?. ¿O cazó unas cuantas palomas para asarlas al horno?.

Perfectos Saludos.

bruja de pocos tacones dijo...

me reconozco bruja en tu relato...soy totalmente culpable de lo de las ratas voladoras y mas k cagonas (tambien saco de mi tienda-casa ese cepillo exclusivo de su perpetua huella...) y solo para defender algo lo indefendible de mi acto, a pesar de que en poquisimas ocasiones me pongo tacones....mi vecinita del batín azul y bastonet me adora, yo soy la que cuando hace una patatita al horno siempre pone una más,... alguna tortita casera,... y alguna recetilla inventada a lo que ella siempre me responde dejándome limoncetes de su limonero en mi puerta al saber que me encantan!!!!

Loredhi dijo...

Sr. Mantel,

Quede claro que cualquier acto, que lleve usted a cabo, tendente a hacer el mal a la única persona buena que queda en el mundo y que además viste batín azul eléctrico, será conocido por mí y posteriormente sancionado con severidad. (En cualquier caso era muy mayor, si se reparten los bienes de la vecina yo me quedo el batín antes que Evita).

Por supuesto que comí en la casa-tienda de mi amiga,muy bien además, con el hambre que llevaba si no sale la abueleta me como cruda una paloma y media.

Loredhi dijo...

Bruja de pocos tacones,

Al fin has dado la cara. Veo que aún siendo culpable no pierdes la valentía.

Mira, yo no sé si tus tacones serán altos o qué, lo que sí sé es que en la puerta de tu tienda-casa me hiciste una demostración de espante a las palomas que el suelo retumbó. Y eso yo lo ví con mis propios ojos. Ya te vale.

No me extraña que la abueleta te tenga tanto cariño, en su casa sólo debe tener para comer alpiste, pelo de gato y limones.